Carrera “Día del Niño, Cerro de la estrella 2017”

Los niños son el alma de la fiesta, los invitados especiales. El resto somos los anfitriones para que ellos se la pasen lo mejor posible.

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Ver sonreír a un niño y darte cuenta que tuviste algo que ver con esa sonrisa, es una de las satisfacciones más bonitas que te hace vibrar el corazón.

El fin de semana pasado, para ser exacta el 7 de mayo, se llevó acabo la carrera infantil gratuita  “Día del Niño, Cerro de la Estrella”, en la que, desde hace 3 años, participo como juez con el grupo “SPORTS CHECK POINT JUECEO”; sin embargo este año quise involucrarme un poco más para que cada niño ganador obtuviera un premio a ese esfuerzo extra y no solo obtuviera un balón o una pelota -obviamente las pelotas y balones son bienvenidos-, pero quería que fuera algo más especial, así que me di a la tarea de conseguir la premiación con amigos y conocidos que se volvieron padrinos o patrocinadores. La verdad tuve una extraordinaria respuesta, lo que agradezco infinitamente, pero -sobre todo- quienes apoyaron la causa deben estar satisfechos de que fueron parte de un día especial, lleno de sonrisas y satisfacción.

Esta carrera no es nueva; no obstante, muchos corredores del Cerro de la Estrella no saben que se lleva a cabo, porque no se hace mucha publicidad, debido a la falta recursos económicos. Todo se hace con la cooperación de algunos corredores del Cerro y de “conocidos de conocidos”, con el objetivo principal de hacer feliz a 500 almas inocentes.

Las cabezas de esta gran labor son dos personas extraordinarias: Rafael García y Juan Mendoza, quienes empezaron la carrera con medallas de otras carreras, pelotas como premio a los ganadores y una que otra playera regalada de otros corredores, así fue la primera carrera, pero -además de eso- durante diez años han puesto algo más: muchísimo corazón y ganas de que cada año sea mejor para los niños.

Cada vez se integran más personas para ayudar, hay más voluntarios queriendo apoyar en diversas actividades, como hacer sándwiches para los pequeños, dar medallas cuando cruzan la meta y  cuidar a los más chiquitos de las categorías.  Otros más participan económicamente para comprar las playeras, medallas y otras cosas que se van utilizando. De esta manera es como todos los corredores del Cerro de la Estrella ponemos nuestro granito de arena para fomentar el deporte en los niños.

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Y ahora sí, les cuento un poco de lo que se vivió ese día.

Todo comenzó con muchos locos y un poco de inocencia: imagínense a 500 niños y a más de 500 papás queriendo capturar el momento idóneo en el que su retoño cruza la meta… ¡com-pli-ca-do!

Sí, en efecto, es un verdadero trabajo controlar a cada uno de esos padres, pero al final saben que deben respetar los banderines que se colocan para no “estorbarles” a sus hijos.

La cita era a las 7 de la mañana para el registro de cada niño, luego se le da su playera para que a las 8:15 dé inicio este gran evento.

En esta ocasión, una pequeñita de apenas un año y medio fue la que rompió el listón de la meta para dar inicio a la sería una gran fiesta.

Las caritas de los niños de 2 a 3 años eran una ternura, algunos llorando, otros bailoteaban y unos cuantos ya ansiosos por querer salir corriendo y ganar.

Te derretirías de amor al ver a tanto pequeñito listo en la línea de salida.

Así transcurrió la carrera, con 16 categorías en total, 8 categorías de niñas y 8 de niños, ¡todos emocionados y llenos de energía para salir como rayo!.

La categoría de los más grandes es de 16 a 17 años y ahí juntamos a los niños y niñas porque ya eran poquitos. Me sorprendió que la mayor demanda era de niñas, así que decidimos juntarlos colocando a las niñas enfrente y a los niños atrás, la respuesta a su esfuerzo era un par de tenis y ropa, para ambas categorías, por lo que el esfuerzo valió mucho la pena este año para los tres primeros lugares.

Los que se llevaron la carrera fueron los niños con capacidades diferentes, son niños valiosos que se esfuerzan al máximo por darlo todo, van corriendo y te sonríen, se emocionan y gritan de alegría. Verlos te pone la piel chinita.

Todo vale la pena por ver a los chiquitos, y no tan chiquitos, felices con sus regalos, su playera, su medalla, su lunch y con esas ganas de querer regresar el próximo año a ganar.

“La carrera es de cada niño y de cada persona que se une a esta locura” Rafael García.

Gracias a los patrocinadores de los regalos:

Paty Alanís, Azareet Guzmán, Alejandro Osorio, Elena Solís, Israel Carrasco, Patricia Arriaga, David L, Kathya Mirell, Sergio Ortiz, Adrián Velarde, Rafael Medina, Lizandro Alanís, Luis y Jaime Soriano, Arturo Herrera, Jorge Ramírez, Emilia Nava, Conni Bravo, Omar Velarde, Manuel Torres Ávila (Atletas Elite), María de la Luz Hernández Alcántara, Elías Coss, Alfredo Rodríguez, Ignacio Díaz, Ana María Zirate, Antonio Villa, Maricarmen Fuentes, Verónica Delgado, Hilda Salgado, Marisela Hurtado, Erika Rodríguez, Virginia Flores y Héctor Guillen, Daniel Nava.

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En la carrera…

Premiación…

Corre inteligente, corre con el corazón

Janeth López

 

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Medio Maratón de la Gran Fuerza de México 2016

¿Cómo? ¿No han corrido el Medio Maratón de la Gran Fuerza de México? ¡De lo que se han perdido!

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Aquí les dejo esto:

¿Cansado de las rutas de Reforma y Chapultepec? ¿Fastidiado de las rutas planas sin chiste? ¿Cansado de la poca pirotecnia de las carreras? ¿Buscas una competencia increíble y familiar? Hoy quiero presentarte una ruta de 21 kilómetros demandante, en la cual sentirás que las piernas te explotan por ahí de la subida 50. Una ruta con lindos paisajes, limpieza impecable, donde podrás experimentar esa bonita sensación de quedarte sin aire al ir corriendo y todo amenizado por gritos y tambores.

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Podrás escuchar harta porra de los espectadores y los cánticos de los militares, no sabrás si reír o llorar al cruzar la meta, pero eso no es todo, también disfrutarás al final de la carrera de una dona deliciosa con la que pondrás quieta a la lombriz que llevas dentro. Militares colocarán una medalla en tu cuello en señal de que has logrado el gran reto. ¡Anímese! Para el corredor o corredora que ya no le motiva nada y se la pasa buscando retos: ¡Anímese, llévelo, llévelo! La inscripción es gratis y se llevará una selfi inmortalizando esos momentos increíbles con amigos, tíos, el perro y hasta el perico. Y para esa familia que solo camina, le tengo una caminata de 3 kilómetros donde se divertirá con su hijo y con ese niño que trae dentro, todo en familia para que pase un domingo espectacular. ¡A poco no se lee padre, ahora imagínate experimentarlo!

Después de mi pequeña introducción, ahora sí les cuento mi experiencia en los 21K.

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El pasado 24 de septiembre asistí a uno de los medios maratones más complicados que he corrido; lo disfruté muchísimo en compañía de amigos y familia.

Eran las 5:20 am cuando salí de mi casa, quise llegar lo más tempranito que se pudiera, ya que el estacionamiento de Wal-Mart se llena cañón. Total de cualquier forma me iba a despertar temprano en domingo.

Llegamos a las 6:00 am mi mamá y yo, nos bajamos del auto, pasamos al sanitario y que me encuentro a una amiga, Dolores Oropeza. Me comentó que era su primer medio maratón, ¡Wow!, había escogido un gran reto. Platicamos unos segundos y después nos perdimos un poco con tantísima gente.

De ahí caminamos hacia el campo militar número 1, eran las 6:30 am y ya había mucha gente. Al ir caminando nos encontramos a un amigo, Carlos Anguiano, y a su familia (sus dos hijas, su esposa, su hermana y cuñado) -una familia muy bonita-. Carlos me preguntó: “¿Por cuánto vas?” -Por dos horas máximo o 1:50, le contesté. “Entonces ahí nos vamos”, recalcó.

Me impresionó el orden que tienen los militares, todo tranquilo, sin tanta aglomeración, filas, accesos rápidos, súper ordenados hasta para ir al baño.

Carlos y yo nos empezamos acercar a donde sería la salida pero, con tanta emoción, nos equivocamos de entrada, nos metimos con los que caminarían 3 kilómetros, así que nos costó bastante pasar a ese bloque y llegar, ahora sí, a donde era nuestro corral.

La salida es un espectáculo: helicópteros, papelitos (como confeti) de colores verde, blanco y rojo volando, los drones volando y grabando todo lo que pasaba, la banda militar tocando y cantando  el Himno Nacional Mexicano -te pone la piel chinita-  y tú, con muchas emociones en el cuerpo.

De pronto escuche 10…9…8…3…2…1… ¡Zaz! Todos salieron y yo… no, no, no ahora no salí como rayo, en esta ocasión me tarde dos minutos en llegar al tapete de salida, ¡si que es complicado quedarte atrás si quieres mejorar tiempo!

Del kilómetro 1 al 5: eso de salir hasta atrás es difícil, las personas van platicando y no te dejan pasar, se sacan selfi, van muy distraídos viendo y escuchando a los militares, tienes que zigzaguear mucho para poder rebasar, fue algo complicado, pero a la vez divertido, total no iba a mejorar tiempo, solo a disfrutar y hacer ritmo de competencia.

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Era la primera vez que correría 21 kilómetros dentro del campo militar, la ruta me la habían platicado muchos amigos: “Es complicada, difícil, es demandante, es ruda”, entre otras cosas, y luego están viendo que la niña es chillona y la pellizcan… ¡Inguesu! ¡Había llegado el momento de ver, según yo, qué tan complicada o fácil estaba la ruta! 

Carlos y yo nos adaptamos súper rápido al paso; sin afectar a nadie, siempre corrimos juntos,  en el kilómetro dos y medio estaba el primer abastecimiento, nos acoplamos porque él iría por el abastecimiento, la verdad no fue algo que lo decidiéramos antes ni durante la ruta, lo vi como un gesto de caballerosidad, de amistad y se lo agradecí mucho porque era demasiada gente la que estaba parada en los abastecimiento, por lo mismo muchos se empujaban y algunos hasta se cayeron.

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Tomó una botella para ambos, fue suficiente y no desperdiciamos agua.

Eso de tomar agua con botella en mano y corriendo es un arte, pocas carreras me han tocado que den botella de agua, yo prefiero el vasito, pero si me dan a elegir, la bolsita es mi mejor opción porque la puedes manipular perfecto en la mano para tomar lo que necesitas sin el temor de ahogarte.

Los primeros kilómetros estuvieron leves, había de todo: plano, bajada y las subidas –temidas por muchos-. Mientras más corría, se ponía más interesante.

Del kilómetro 10 al 15: Ya se estaba poniendo interesante el recorrido con las subidas interminables, a pesar de que iba a ritmo forzadito de competencia, iba observando lo impecable que tienen los militares sus jardines, campos y la pista de arcilla, entre muchas cosas que tienen adentro de su campo.

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¿Cómo vas Anguiano? “Bien, vamos a buen paso, si seguimos así, vamos hacer como 1:45” -No, vamos por 1: 50 más o menos, no creo que menos, le contesté.

“Oye Anguiano, esta cañona la ruta, quien la corre a su 100, mis respetos” -Sí, está divertida, me contestó.

La verdad es que no íbamos platicando mucho en la ruta, pero eso sí, me di cuenta que es un porrista de lujo… ¡Vamos total! ¡Vamos, Julio! ¡Échale, es corriendo! ¡Vamos, Rafa, no te vi en el Nevado! ¡No es caminando, échale! ¡Vamos, amiguita! ¡Vamos, Mary! ¡Vamos, coach! ¡Te veo en la meta! Fueron algunas de sus frases, me gustan las personas que te inyectan energía y Carlos fue uno de ellos para muchos amigos y desconocidos que ya íbamos sacando la lengua de fuera.

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Del kilómetro 15 al 20: Sí que me costó llegar al 19, pero el premio fue ver a mi mamá: paradita, emocionada junto con la hija menor de Anguiano, gritándonos ¡Vamos! Ya no sabía si sacarnos fotos o gritarnos, fue la parte más linda, vi a la hija de Anguiano emocionada, gritándole a su papá que le corriera más rápido. Un amor de niña. No cabe duda que los padres dan el ejemplo a los hijos y Carlos es un excelente ejemplo para su familia.

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META: ¡Vamos, Anguiano que tenemos que entrar juntos a la meta, así que chínguele! Y así cruzamos la meta en 1:49, felices y agradecidos.

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Es una carrera familiar, tienen que vivir la experiencia de correr una gran ruta y, al final, ¡comerte una dona de chocolate!

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Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López

XXXIV Maratón ciudad de México-Telcel 2016

La vida es mucho más bonita si la compartes y disfrutas haciendo lo que amas, tengo la certeza que es infinitamente es-pec-ta-cu-lar el resultado.

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Si ya de por sí correr un maratón es emocionante, imagínense correr los 42 kilómetros 195 metros a lado de tu mamá; en efecto, es una experiencia extraordinaria y única.

La idea inicial de este maratón era que yo lo correría a mi ritmo, para tratar de bajar mi tiempo del año pasado, pero uno propone y resulta que no se pudo.

A  principios de año tuve algunos problemas de salud, los cuales se prolongaron bastante y, desafortunadamente, no pude hacer una preparación específica para correrlo, pero continúe entrenando con el fin de ir retomando poco a poco mi ritmo y mi nivel competitivo. Era un hecho que no lo correría; sin embargo, había un deseo que no había cumplido: correr un maratón a lado de mi mamá.

Era complicado que corriéramos juntas, ya que es ganadora dentro de su categoría, por lo tanto la van checando los jueces en todo el trayecto de los 42 kilómetros 195 metros, con el fin de ver que no la  “jalen” o que corte la ruta, y si la veían conmigo podría correr el riesgo de que la descalificaran por irla “jalando”. Era un tema serio entre las dos: correr juntas o no.

Los entrenamientos fueron pasando uno a uno y, faltando dos meses para el maratón, mientras hacía una distancia, un perro tiro por detrás a mi mamá: “Perdón, mi perro no es así”, eso fue todo lo que dijo el dueño del perro y se retiró. En ese momento solo te interesa que tu ser querido se encuentre bien, así que atendí a mi mamá, fuimos al médico y tardo mes y medio en recuperarse, pues la espalda, el brazo y la pierna las tenía muy lastimadas.

Tiempo  después retomó el entrenamiento, pero quedaba muy poco para el Maratón, así que aprovechamos esta situación para tomar la decisión de correrlo juntas. Se trataba de ir viendo cómo le respondía su pierna y uno de sus brazos. Las cosas no nos estaban favoreciendo mucho, pero la ilusión de correr el Maratón con ella estaba intacta.

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Se fue recuperando favorablemente, pero a veces las cosas pasan por algo. Faltando una semana se cayó de nuevo, gracias a su reacción no paso más que de un raspón en las rodillas y palmas de las manos, pero sí le volvió a mermar su entrenamiento final para el Maratón.

Al siguiente día de caerse sintió una molestia detrás de la rodilla, sentía como un “jalón” al dar el paso que no la dejaba dar bien la zancada, así que decidió descansar 3 días. “Si te sientes mal, no lo corras, no quiero que te lastimes más”, le dije un día antes de que iniciara la entrega de paquetes. “Déjame ver cómo respondo con el descanso de aquí al sábado y vemos qué hacemos” me contestó.

Llegó el jueves 25 de agosto y aún no sabía a ciencia cierta si mi mamá lo correría o no, de cualquier forma fuimos por el paquete de corredor al Autódromo Hermanos Rodríguez.

Pasamos por nuestro kit y vimos algunas cosas en los diferentes stands que colocaron en la parte de abajo, pase a TomTom, pero no encontré la correa del color rojo que quería (es una lástima porque ya van tres veces que me pasa lo mismo). Continúe mi recorrido por las diferentes marcas y me encontré con Sport Beans, son unas gomitas increíbles que me cae de lo mejor cuando realizo mis distancias más largas -entre 20 y 30 kilómetros-, obviamente también las ocupo cuando corro maratón, por lo que compre algunas y un gel para mi mamá, por si las moscas.

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Saludamos a varios amigos, todos emocionados y muy animados, de algunos sería su primer Maratón, y otros iban por su “I” de colección. Nos despedimos y nos fuimos directo a comer.

Pasamos el viernes de lo más tranquilo y llego el sábado por la mañana, nos levantamos mi mamá y yo y nos fuimos a trotar. No le dije nada, trotamos juntas a un pasito muy suave hasta que se detuvo: “creo que sí lo corro”. la mire y le pregunte “¿Segura?”. “Sí”, me contestó. La interrumpí de lo que me iba a decir… “Si llegas a sentir alguna molestia nos salimos, maratones hay muchos y tu salud es primero”. “Si, está bien, si no puedo nos salimos”, me contestó.

El domingo 28 de Agosto había llegado.

Por lo regular, soy de muy buen dormir, pero en esta ocasión fue diferente; desperté a las 3:40 am, parecía que solo había dormitado, me sentía con sueño y con mucha adrenalina, de esas ocasiones en la que estás estresada o emocionada por algún motivo especial, abres el ojo y la lluvia de pensamientos vienen a ti: “Correré con mi madre por primera vez un maratón ¿pero y si se me pierde en la salida? ¿Y si no la encuentro? ¿Y si me dan calambres? ¿Y si no le aguanto? Y si, y si, y si mejor le bajo dos rayitas a esos pensamientos feos y mejor me duermo otro ratito,” pensé.

Total que me levanté a las 4:00 am para que me diera tiempo de vestirme, desayunar, peinarme, ir al sanitario y salir de la casa a las 5:00 am con total tranquilidad, al fin que para salir corriendo aún faltaba un buen rato.

En un abrir y cerrar de ojos, a las 5:45 am, ya estábamos mi mamá y una servidora en el monumento Hemiciclo a Juárez, buscando el baño y el guardarropa. Después de caminar unas cuadras sobre Eje Central encontramos los camioncitos que se llevarían nuestras cosas al Estadio Olímpico Universitario “Ciudad Universitaria”, las chicas que estaban poniendo las bolsas de hule a las mochilas de nosotros en el guarda ropa eran súper amables, muy atentas y sentí bonito cuando una de ellas me dijo: “Janeth, que llegues con bien a CU, ahí te esperamos”. Obviamente no me conocía, mi nombre estaba impreso en el número de corredor, pero por el simple hecho de que te llamen por tu nombre, sientes esa energía padrísima.

De ahí caminamos a la salida, necesitábamos ver por dónde iba a salir mi mamá (gracias a toda su trayectoria le dieron número de élite) y yo ver por dónde me iba a meter, porque mi bloque, el que me correspondía (amarillo) ya estaba súper lleno a las 6:30 am.

Luego de buscar un ratito y saludar a varias personas que nos encontramos en el lugar, por fin dimos por dónde se meterían los élites. Nos despedimos por un momento: “Mamá te veo ahorita”. “Sí”, me contesto.

Me acerqué lo más que pude a los primeros corredores de mi bloque, estuve ahí por más de 30 minutos, fue una eternidad la salida, entre que quería ir al baño, los nervios, la emoción, el humo que echaban, las palabras del locutor y la salida del primer bloque, dieron las 6:45 am.

Ahí salieron los de silla de ruedas y débiles visuales, cada que veo a estas personas me impresiona la voluntad de hierro que tienen, su fortaleza física y mental me asombra, ellos demuestran cada instante que todo en esta vida se puede hacer, que se pueden romper obstáculos y paradigmas.

El siguiente bloque en salir a las 7:00 am fue el de las mujeres élite: mujeres que se aferran para ser las mejores, y entre ellas se encontraba la ganadora del maratón Ciudad de México 2016, la lituana Diana Lobacevske, quien detuvo su reloj en 2:40.

Posteriormente a las 7:20 am salieron los súper hombres de carne y hueso, los hombres élite, categoría en la que despuntó el que fuera el ganador horas más tarde,  el keniano Emmanuel Mnangat. Junto con ellos, salieron los élites por categorías con brazalete gris y atrás de ellos los de brazalete amarillo, o sea mi bloque -los que soñamos y corremos por diferentes motivos-, pero con un objetivo común: llegar a la meta de Ciudad Universitaria.

Se cantó el Himno Nacional Mexicano, después se dio el tradicional conteo 10…9…8…3…2…1 ¡boom! Allá vamos, con la finalidad de recorrer 42 kilómetros 195 metros en nuestra ciudad, la Ciudad de México. 

Cuando dimos las primeras zancadas traté de salir lo más rápido posible, para alcanzar a mi mamá e irnos juntas, la busqué y después de unos metros la pude encontrar (era uno de mis miedos y el cual no me dejaba dormir a pierna suelta). Ella saldría unos pasos antes que yo, pero mi bloque –amarillo- se llena cañón y los corredores guardan su lugar con demasiado recelo, así que me daba mucho miedo no poder encontrarla con tantos corredores.

Total que al encontrarla, descansé. Ahora sí, a compartir kilómetros juntas.

Recuerdo que en nuestras platicas de los maratones pasados, cuando le decía: “¿Viste lo que pusieron en el monumento al Ángel de la Independencia?” -“No recuerdo haber pasado por ahí, cuando corro no veo nada, solo corro y me olvido de todo mi alrededor”, me contestó, así que me di a la tarea de irle señalando por dónde íbamos, quería que viera nuestra ciudad, lo bonito que se ve cuando la invadimos,  es el único día que podemos recorrerla por las avenida principales sin ser atropellados por algún auto.

Cuando llegamos al monumento de Cristóbal Colón, sobre Paseo de la Reforma, una de las avenidas principales de la Ciudad, le dije a mi mamá: “¡Sonríe a la cámara qué ahí esta Chris!” (Chris Fernández es un fotógrafo excelente que nos hace poner nuestra mejor actitud ante su lente y quien nos regala las fotografías que toma en toda la ruta del maratón, está es una de ellas).

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Y así seguimos, invadiendo Paseo de la Reforma, pasando los monumentos y edificios más representativos de la Ciudad de México como La Palma, el Ángel de la Independencia y, por último, la Diana Cazadora.

Kilómetro 5: Las cosas iban muy bien, pasamos en 29 minutos los primeros 5 kilómetros “¿Cómo vas?, ¿Cómo va esa pierna?”, “Bien”, me contestó mi mamá. Después nos sumergimos en nuestra respiración, traté de que no hablara, aunque quería ir platicando como cotorra con ella, pero recordaba que yo no me estaba esforzando y por lo tanto yo si podía platicar; sin embargo, mi mamá estaba haciendo su mayor esfuerzo, era obvio que no podía hablar tanto como yo, así que por ratos me controlaba y solo hablaba lo necesario, no quería incomodarla o fastidiarla.

Hemos corrido distancias juntas, pero correr un maratón nunca, era el primero y no lo quería arruinar.

Kilómetro 10: aquí el esfuerzo ya iba incrementando un poco más y el aire ya hacía falta.

Yo: ¿Cómo sientes tu pierna?

Mamá: Bien, voy bien.

Yo: ¿Quieres agua?

Mamá: Sí.

Me acerqué a tomar unos vasitos con agua y le di. Por cierto, ir corriendo y tomar en vasitos es totalmente incómodo para un corredor.

Yo: ¿Quieres más?

Mamá: No, gracias, tú toma

Entramos a la zona de Polanco: “Mira, mamá, ahí está el Museo Soumaya, ¿lo recuerdas?” –“Sí, se ve diferente”, me contestó con esfuerzo, así que me callé.

Kilómetro 21: El temido adoquín del Bosque de Chapultepec -el parque urbano más grande de América Latina-, en serio que me estresa esta parte y a mi mamá más, ya que su pierna no estaba al 100 por ciento.

Yo: ¿Cómo vas, Navita? Ya estamos en Chapultepec

Mamá: Sí, ya me di cuenta, ¡oye! quiero agua.

Justo pasamos por los abastecimientos en los que estaban dando agua ya en bolsita, me percaté que ya no había mucha agua, de hecho ya estaban quitando muchas mesas donde tenían colocadas las bolsitas de agua, total que abrí una bolsita tome unos traguitos y le di, tomó y tiramos el plástico cerca de una bolsa de basura.

Kilómetro 26: Justo en el Ángel de la Independencia

Mi mamá: ¡Un calambre, me está dando un calambre!

Paré y en seguida le di un poco de masaje. Continuamos caminando unos pasos, no quería que se parara totalmente, ya que de hacerlo le podrían dar más, así que continuamos y un señor tomó del brazo a mi mamá y le puso spray frio, “Ve con Dios”, le dijo el señor a mi mamá, de esos angelitos que te encuentras en la ruta de los maratones y digo ángeles porque cuando los necesitas aparecen sin más ni más.

Mamá: ¿En qué kilómetro estamos?

Yo: En el 26, Navita, ahí está de vuelta el Ángel

Retomamos un poco el trote y nos pasaron varios amigos: Manuel, Mari y Martha, todos ellos preguntándole a mi mamá cómo estaba, y a todos les decía: “¡Bien, nos vemos en la meta!”, con voz firme. ¡Esa es mi mamá, chingaos!

A partir de aquí fue una proeza llegar al Estadio de Ciudad Universitaria.

Pudimos retomar un poco el trote; sin embargo, veía a mi mamá un poco fatigada.

Yo: ¿Cómo vas, Navita?

Mamá: Bien, me duele un poco la espalda, pero bien

Continuamos hasta llegar a la Glorieta de Insurgentes y, al entrar a Avenida Chapultepec, justo en los arcos:

Mamá: ¿Podemos caminar, me quiere dar otro calambre?

Yo: Sí, claro, vamos a tu ritmo y cómo te sientas.

Caminamos unos 300 metros y volvimos a retomar el trote, pero al hacerlo volvieron los calambres y decidimos trotar otro poco.

Entramos a la Condesa, una de las zonas más bohemias de la ciudad por su gran cantidad de librerías, galerías, restaurantes,  cafés, pero también desafortunadamente el pavimento más feo de toda la ruta. Triste, pero cierto, se supone que es una de las zonas nice de la ciudad y los baches eran impresionantes, se compensaba con la gente linda que aplaudía y te gritaba cosas lindísimas. Ahí escuché a una señora de edad avanzada gritando: “¡Estoy orgullosa de los mexicanos por ser capaces de correr tanto!”. Me emocionaba mucho escuchar cosas tan lindas de gente que ni te conoce, pero sabe el esfuerzo que estás haciendo.

Justo en esta zona le dieron más calambres a mi mamá, nos paramos totalmente y caminamos un kilómetro, trate de alentarla mientras caminábamos: “¡tú puedes, Navita!, ¡Vamos!

¡Me duele mucho mi cuerpo!, me decía mi mamá con cara de angustia. La veía y se me partía el corazón, así que le pregunte: “¿Quieres salirte?”. Era una pregunta forzosa, ella más que nadie sabía su dolor y cómo estaba llevando su cuerpo.

Mamá: No, sólo no me dejes, no me voy a salir.

Yo: Por supuesto que no te dejaré, aquí voy contigo.

Continuamos nuestro recorrido entre trotes y caminatas, nos costó muchísimo salir de ahí, a mi mamá le dolía cada vez más su espalda y el cuerpo, sentía que no llegaba y además peleaba con los calambres para que no le dieran, fue una lucha interna muy cabrona.

“¡Tú puedes, ma! ¡Ya falta muy poco!”, le decía. Pude percibir el desgaste que le estaban causando los calambres.

A lo lejos se veía Insurgentes -una de las avenidas que atraviesa prácticamente toda la Ciudad de México-, donde había muchísima gente gritando, aplaudiendo y sonriendo, era impresionante el apoyo de personas que, sin conocerte, desean que termines.

Ver eso y sentirlo le inyectaba energía a mi mamá, así que volvió a retomar el trote hasta el kilómetro 36.

Mamá: ¡Me está dando otro calambre!

Yo: Caminamos, mami, ya no te desgaste, no te estreses, si tenemos que caminar, caminamos y ya, inguesu…  solo nos faltan 6 kilómetros, Navita, no es nada. Nos fuimos otro tramo caminado.

Fueron los 6 kilómetros más emotivos de mi vida: “¡No me dejes, toma mi mano!”, me decía mi mamá al adelantarme medio paso para no estorbarle a otras personas.

Mamá: Me están dando muchos calambres, hija, quiero correr y no puedo, me duele, quiero llorar.

Yo: ¡Sí puedes!, ¡Eres bien chingona! Ya no falta nada, si quieres llora, pero de que llegamos, llegamos.

Mamá: Tómame de la mano, no me sueltes, vamos a trotar así.

Kilómetro 38: Entre el sol, los calambres y la gente echándote porras, ya no sabes qué hacer, si parar o seguir, si detenerte o gritar, si llorar o reír.

Sabía que no iba bien mi mamá, estaba batallando con calambres y aunque yo hacia mi mejor esfuerzo por alentarla, era más que obvio que iba con mucho desgaste. Dentro de mi quería cargarla, salirnos y dejar la ruta, la verdad no está nada padre ver a tu mamá sufrir así. En fin.

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Yo: Navita, ya 4 kilometritos.

Mamá: ¿Nos podemos ir caminando hasta la meta?, me quieren dar más calambres y sí quiero llegar.

Yo: Por supuesto.

Mamá: ¡Mejor vamos a trotar poquito! A ver cómo me responden mis piernas, no quiero entrar a la meta caminando.

Como quien dice por ahí… primero muerta que entrar al Estadio de Ciudad Universitaria caminando en un Maratón.

Trotamos 2 kilómetros más, la gente te hace llegar, te regala sonrisas, aplausos, gritos de felicidad y se desbordan emociones.

Entre los aplausos y gritos, mi mamá se fue emocionando mucho. Bajamos el túnel y fue sacando su “fua” interno. Al entrar a la pista de tartán me dio la mano, justo aquí son los 42 kilómetros, ya habíamos corrido 42 kilómetros, en los que luchamos continuamente por llegar, por no sentarnos a llorar y dejar pasar un sueño de ambas.

Fueron 42 kilómetros de sonrisas y lágrimas, de desesperación, de dolor y de frustración. Fueron 42 kilómetros de vida y de voluntad, porque si de algo estoy segura es que para decidir correr un maratón debes tener una voluntad infinita. Y, ahora sí, cuando pisamos la pista de tartán tomadas de la mano, me dieron hartas ganas de llorar, 195 metros nos faltaban, 195 metros de puritita felicidad, de llevar a tu corazón al máximo latido y cruzar la meta con los brazos bien arriba, porque corrí con mi mamá.

Al cruzar la meta justas mi mamá lloró, lloró y lloró. Me abrazó y me dijo: “Pensé que ya no llegaba, me daban calambres hasta en la espalda y la ingle”.  

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Jamás le habían dado calambres a mi mamá en toda su trayectoria deportiva, pero bien dicen que cada maratón es diferente. Una experiencia más en mi vida, me quedo con la satisfacción enorme por haber llegado a lado de mi madre. Muchas emociones y un chorro de cosas que se ven en la ruta de un maratón.

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Vive cada instante, tomate el tiempo para disfrutar y amar a las personas que son valiosas en tu vida, realiza cada plan que tengas en mente y sueña, porque de los sueños nacen historias reales que te motivan a llegar a tu cumbre.

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Y si tú corres y tu mamá, papá, tío, tía, primo, prima, novio, novia, esposo, esposa corren, entrenen y vivan juntos paso a paso una experiencia única que nos da la vida: la de compartir dolor, felicidad y gloria durante 42 kilómetros 195 metros.

Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López

 

Gatorade 15k

Fui Patricia por 1: 11 minutos y me gustó

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Correr me ha traído un chorro de beneficios y de amistades, ni se diga, gracias a una de ellas pude disfrutar una de las mejores carreras que se hacen en la Ciudad de México y como es de las mejores carreras, los números vuelan como pan caliente.

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Paty, mi amiga, me dio su número de corredor debido a que tendría un compromiso ese fin de semana, así que usurpé su lugar- confieso que me gusto porque sientes un compromiso distinto, deseas hacer un mayor esfuerzo porque sabes que la otra persona así lo haría – me puse el número y aquí les cuento lo demás.

En la semana previa traté de ir planeando cómo correría esta ruta y finalmente quedo en tres bloques: tranquilo, medio y cerrar con lo que me dieran mis piernas. Muchas veces te funciona, otras no; sin embargo, te ayuda a visualizar cómo vas corriendo. Nuestro cuerpo es de lo más misterioso porque no sabes cómo te va a responder hasta ese día, tú le das las armas, en este caso el entrenamiento-alimentación, pero tu cuerpo es el que manda en ese momento.

El sábado 2 de julio me fui al World Trade Center (WTC) de la ciudad de México a recoger mi kit, eran las 8 de la mañana cuando llegué y había una enorme fila, pero cuando por fin entré a la expo, valió la pena la espera.

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Al entrar nos checaron los números y la copia del IFE (en este caso la mía y la de mi amiga), fui al stand de aclaraciones a preguntar si me podían hacer cambio de número -a lo que respondieron que no-. De ahí entré a un salón bastante amplio donde estaban entregando el kit y la playera.

La verdad el color de la playera no fue mucho de mi agrado, -yo morena y la playera negra, no era una combinación muy destacada-, pero tampoco me podía poner mis moños, me estaban regalando el número, dijera mi abuelita: “limosnera y con garrote”.

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Al pasar al siguiente salón -en la entrada- unas chicas tenían en las manos listones. La temática era que escribieras algo que ayudara a los corredores a terminar sus últimos kilómetros, así que me inspire y comencé a escribir. Al final te daban unos cupones para que participaras en el juego de la garra.

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Luego me fui a brincar, tenía que brincar la cuerda y si realizaba 100 saltos me daban un kit de productos. Solo llegué a los 85. Al parecer era la única que hasta el momento llegaba a esa cantidad porque me felicitaron y me dieron el kit. No me puedo quejar, me fue bien.

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Habían muchas actividades: una en donde podías dejar la huella de tu cuerpo, otra en la que plasmabas tu huella pero de los pies. A lado de esa había un stand donde te sacaban una foto y la pasaban en una enorme pantalla, la tradicional foto de portada y la rueda giratoria donde tenías que correr para sacarte un premio.

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Al último estaba el juego de la “garra”, la fila aquí era enorme y yo ya tenía hambre, así que regalé mis boletitos para ese juego que me había ganado al participar en las otras actividades, y me fui a desayunar algo rico.

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Domingo 3 de julio: ya estaba tempranito en la línea de salida, contenta y portando mi súper número.

Creo que no sentí tantos nervios en esta ocasión, ahora que voy retomando mi crónica pienso que  quizá fue porque entré a mi carril faltando como 5 minutos para que dieran el conteo de salida, definitivamente eso ayudo a no sentirme tan nerviosa.

Cuando escuche 5 puse mi reloj Tom Tom,  4… 3…2…1… y qué salgo echa la duro (traía la onda de que fui 4ta en la carrera pasada, entiéndanme, andaba motivada), pero no se emocionen, solo fueron como 500 metros, tampoco aguanto tanto.

Los primeros 5 kilómetros estuvieron de 10, la ruta tenía de todo un poco: subiditas, planito y bajaditas; en estos kilómetros traté de medirme un poco más, no llevaba presión de hacer un excelente tiempo, pero tampoco quería quedar para el arrastre, digamos que algo decente poniendo lo mejor de mí.

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Dicen que lo pasado, pasado, pero mis piernas no entienden de eso y en las subiditas se acordaron que habían corrido hace ocho días, no les hice mucho caso para no bajar mi paso, de por si sentía que iba como tortuga, ahora si le bajaba pues ya solo me quedaba paso caracol.

Del kilómetro 6 al 10 iba pensando en lo cansada que me sentía, cuando de repente me empecé a distraer con un chico que venía adelante de mí, -pero que su paso ya era muy corto y más despacito que el mío-, así que cuando lo iba a rebasar, no sé de donde sacó fuerzas y no se dejó. Él iba batallando como no tienen una idea para no ser rebasado.

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Gracias a estos hombres he bajado mis tiempos, en verdad no comprendo porque sufren tanto pudiendo hacer equipo y ambos nos apoyamos, pero no, la necedad de algunos hombres es demostrar que ellos pueden más, así que lo use un rato, me pase atrasito de él y cada que le bajaba me emparejaba y otra vez daba él un jalón para no ser alcanzado, así me lo lleve casi hasta el kilómetro 10 y antes de llegar ahí, se detuvo y camino. Le grite “¡Vamos!”, pero no, se quedó (lo último que supe de él fue que camino como 3 kilómetros y volvió a retomar la carrera).

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Del kilómetro 11 al 14 se me hizo verdaderamente eterno y cuando inicié la subida al Castillo ¡Wow! era como un kilómetro, pero se me hicieron como 20, bueno, bueno exageré un poco, pero si estaba cañona; de ahí bajadita rica y relajante.

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Al llegar al kilómetro 14, antes de salir a la Avenida Reforma, acondicionaron como un tipo túnel en donde habían un chorro de listones (los listones que le habíamos puesto una leyenda), a mí me toco: “Tú siempre puedes, siéntelo con el corazón y llegaras a la meta sin dolor”. Se veían muy lindo todos los listones porque sobre saltaban los colores chillantes.

De ahí en adelante fui cerrando, cada zancada era más rápida, hasta que llegue a la meta con un tiempo de 1:11. Estaba feliz, contenta con mi tiempo y emocionada porque después de muchas cosas, sigo dando guerra.

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Al terminar, nos esperaba el refill de Gatorade.

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Me dio mucho gusto saludar a varios amigos, gracias por sus porras y las fotos.

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Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López 

Liga de la justicia: Asalto a Ciudad Gótica, Batman 15k

El caballero de la noche salió de mañana

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Correr 15 kilómetros son palabras un poco más serias y requiere de más entrenamiento. Tal vez no tenía lo segundo, pero si un chorro de ganas por correr esa ruta nueva de Santa Fe, el chiste de todo esto es disfrutar y siempre dar lo mejor de ti, eso sin duda lo haría, así que puse mis piernas a correr y aquí voy de nuevo…

El sábado 25 de junio fui, muy tempranito, por mi paquete al Palacio de los Deportes, para alcanzar talla de playera. Eran las 9:30 de la mañana y ya había bastantes corredores, así que me forme para recibir mi número de corredor y anduve viendo la ruta; después me dirigí a tomarme una foto con Batman -él algo desangelado-. Después me fui a descansar porque la ruta lo ameritaba.

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La expo fue algo modesta, nada del otro mundo. 

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Al otro día, domingo 26 de junio, llegué súper temprano a la carpa Santa Fe. Debo decir que lo espectacular de la mañana fueron las señales de Batman en un cerrito que está al frente del lugar de salida-meta.

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Se suponía que la carrera daría inicio a las 6:45 am; sin embargo, inició a las 7 am, al parecer tuvieron un poco de problemas para cerrar algunas vialidades de la zona, no niego que es mejor por nuestra seguridad, pero tenernos en la línea de salida tanto tiempo fue terrible –nuestros músculos se enfrían mucho, te cuesta trabajo poder correr rápidamente, además puedes lesionarte por jalarte bruscamente-; además, te entra la desesperación, los nervios, checas no se cuentas veces el reloj -al menos yo lo vi como 10 veces-, el tiempo parece que avanza muy despacito y mientras esperaba me preguntaba si yo era la única que sentía tantas cosas en mi estómago.

¿Ustedes han sentido esas maripositas revoloteando en su estómago antes del disparo de salida?

Si su respuesta fue un sí, son de los míos; esa sensación de estar como en una rueda de la fortuna y sentir, literal  cómo tu estomago sube y baja cada que se le da la gana,  es terrible ¡pero cómo lo disfrutamos! además de todo aceptamos que es parte del show, ¿será que somos masoquistas?

No lo sé, pero era un hecho que ya mi desesperación era bastante por salir a correr. En fin, después de tanta espera y nervios escuche el conteo de 10…9….8…7…6…5…4…3…2…1…

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Kilómetro 5: ¡No inventen! ¡Qué barbaros! Desde que salimos solo encontré una bajadita como de 100 metros y el resto era subida, más subida y mucho más subida. No es por nada, pero amo estas rutas que te demandan más de todo: más esfuerzo, más corazón, más concentración y sobre todo tener la mente a tu favor porque la mínima distracción -les aseguro- los puede traicionar.

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En ese trayecto de los 5 kilómetros me di cuenta que iba en 3er lugar; sin embargo, no podía confiarme, ya que el 4to lugar lo traía muy cerca, así que traté de mantener mi paso, estaba consiente que no traía mucho trabajo de entrenamiento para correr 15 kilómetros, pero había sido mi decisión aventarme esos kilómetros así que ¡a rajarse a su pueblo y a darle que es mole de olla!

Kilómetro 10: Bajadita rica, pero muy golpeada, mis piernas se me querían doblar de repente, mi respiración era más agitada y con la presión del 4to lugar atrás de mí.

Kilómetro 11: Un chico me grito: “¡Vas en 3er lugar, pero traes muy cerca a la del 4to!”. Me aferré,  traté de dar un jalón, para que no me alcanzara y como en el kilómetro 11 y medio mi mamá me grito: “¡vas bien, la traes muy cerca!” en verdad que es mucha presión saber que vas entre los primero lugares y peleando un pódium.

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Kilómetro 13: Sentí sus pasos atrás de mí, se mantuvo conmigo como 500 metros más y dio un jalón, hice lo mismo, pero mis piernas ya no pudieron más, sentí una enorme frustración de que me pasara justo faltándome 2 kilómetros, prometo que aun pasándome hice todo por seguirla, pero ya no pude, simplemente ya no pude;  no podría decir que me dio dolor de caballo o que me dio un tirón o cosas por el estilo porque serian mentira, la chica me paso porque yo ya no pude dar más y ella fue mejor -esa es una realidad-

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Kilómetro 14: no sé cuentas cosas pasaron en mi mente y me decía constantemente: “solo faltan 2 kilómetros, ya no le bajes”

META: para llegar a la meta eran 50 metros de subida, para entonces ya mis piernas no podían más, pero como dicen por ahí: el corazón y espíritu te hace llegar hasta donde tú quieres.

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Cruce la meta en 1: 13 minutos, contenta porque sé que pelee mi lugar hasta donde pudieron mis piernas y mi corazón.

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A veces se gana y otras se pierde…. no, a decir verdad nunca pierdes porque ganas experiencia y también aprendes a no sentirte ganadora aun faltándote 50 metros para llegar a la meta.

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La competencia no termina hasta que cruzas la meta.

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Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López 

Carrera 5 y 10km HSBC seguros a favor de probosque de Chapultepec 2016

Corrí sin esperar pódium a cambio

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El domingo 29 de mayo era el día perfecto para disfrutar de una competencia nueva y así ocurrió.

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Al salir de mi casa al trayecto  dónde sería la carrera,  mi mamá me dijo: “lleva tu carrera como te sientas, no te esfuerces tanto, siente cómo responde tu cuerpo”. Esto me lo decía por todas las cuestiones médicas en las que últimamente me he encontrado, pero gracias a Dios he respondido muy bien, así que estaba confiada en que todo saldría de maravilla.

Llegamos muy tempranito al punto de salida –a lado de la pista “El Sope”, en el Bosque de Chapultepec; todo marchaba súper tranquilo, tenía los nervios normales de cada competencia. Decidí quitarme el pants y quedarme solo con el short y mi playera para poder calentar un poquito antes de la competencia; la salida estaba programada a las 7:00 am y sería la misma salida para los corredores de 5 (dónde yo correría) y 10 kilómetros (en dónde correría mi entrenadora, o sea mi mamá).

En realidad no había muchas mujeres porque ese mismo día se llevaría a cabo la carrera de Bonafont; sin embargo, las que estaban ahí eran muy buenas competidoras. Total que dieron las 6:50 am y entré al corral para escuchar el conteo y salir con la mejor actitud.

En punto de las 7 de la mañana escuché “10…9…8…3…2…1…” ¡Qué nervios! Pero al dar las primeras zancadas todo fue fluyendo de una manera bastante padre.

Los primeros 500 metros no los jalé como usualmente lo hago en 5 kilómetros,  ya que necesitaba sentir cómo respondía mi cuerpo y preferí ir aumentando mi ritmo poco a poco.

Kilómetro 3: entre la primera milla y el kilómetro 3 me sentí cómoda, no agitada, no cansada, pero  y entonces ¿por qué no aumentaba mi ritmo? Alcé la mirada y adelante, como a 100 metros, vi que iban dos chicas -las punteras-. La verdad no sabía si había otra delante de ellas -suponía que solo serían dos-  enseguida otras dos chicas y después yo, fue una sensación de “¡puedo, pero y que tal si no debo! Total que fui peleando con mi demonio interno casi toda la carrera, “me siento bien” –me decía yo misma-, así que decidí aumentar un poco más mi ritmo y pensé: “si me siento mal, lo peor que puede pasar es que la camine y ya, no se va a terminar el mundo” y así fue, empecé aumentar más mi paso.

Kilómetro 4: a diferencia de otras carreras, en esta ocasión no vi mi reloj en ningún momento, se suponía que la correría a paso de competencia, pero no a morir, así que no fui checando mi reloj para no presionarme, -según yo-, pero suponía que no iría tan mal, porque las chicas que iban adelante de mi tienen tiempos por debajo de los 21 minutos -fue un rollo en mi cabeza entre el diablito y mi ángel-, así pase a la del 4to lugar y finalmente a la chica del 3er lugar.

Del kilómetro 4 al 5 fue una descarga de emociones increíble, aun no sabía si era seguro que fuera 3er o 4to lugar, de lo que si estaba segura era que me había esforzado sin tanto rollo de estarme compadeciendo.

Llegué a la meta cansada, pero feliz por no quitar el dedo del renglón y seguir en lo que me apasiona. Crucé la meta con 23:08, admito que no es mi mejor tiempo, pero si es un paso para mantenerme en el juego y hasta pódium me toco.

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Así es esto de las carreras, tiene sus altas y sus bajas, a veces por equis circunstancia dejas de entrenar, pero regresas con la misma energía positiva o mejor que al principio de tus competencias y, sin esperártelo, vuelves a pisar el pódium.

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Aférrate a lo que te gusta, lo que te apasiona; aférrate a tus sueños, tus metas, no debes dejar ir lo que disfrutas hacer, porque es lo que te mantendrá feliz el resto de tu vida.

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“Puedes volver a subirte a lo más alto del pódium, si tú quieres, con dedicación, disciplina  y esfuerzo”.

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Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López

Carrera del Golfo 10k

 

Siempre aprendes algo nuevo en cada competencia

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Hace unos meses tuve un problema de salud que me hizo reflexionar muchísimo sobre lo maravilloso e importante que es nuestro cuerpo. Muchos movimientos que hacemos los damos por hecho y eso me llevo a una pregunta un tanto común: ¿qué harías si de la noche a la mañana te diagnosticaran una enfermedad terminal?

Muchos de nosotros hemos escuchado esta pregunta y muchos otros se han detenido unos minutos para reflexionar, otros simplemente podrían decir: “Pero yo estoy bien, no tengo por qué pensar o atraer lo negativo”. Efectivamente, siempre debemos pensar positivamente, en imágenes lindas, en frases que te estimulen a ser mejor cada día; sin embargo, es una realidad que a ti, a mí o a cualquier persona de la noche a la mañana pueden detectarle una enfermedad terminal o podemos morir en algún accidente. Vuelvo a preguntar: ¿qué harías si mañana te dicen que tu enfermedad es terminal?

Quizá tu pensamiento inmediato sería pensar en el poco tiempo que le has dado a tu familia y que tal vez te has perdido de muchas cosas, la otra podría ser que pienses en pasar tiempo con tu novio, esposo, papás, hermanos o tal vez en visitar a los primos del norte del país o hacer ese viaje que por economía o tiempo no podías hacer… ¿por tiempo?

Cuando te dicen que te vas a morir en un determinado tiempo puede ser terrible; muchos se desmoronan, se encierran en su casa y solo esperan a que llegue el momento de morir; sin embargo,  para otros es un cuete en el trasero que te hace moverte de lugar para realizar cosas, quizá hasta lo que parecía imposible. Ambas reacciones son respetables.

Muchos esperamos este tipo de momento o de circunstancias para reaccionar y ver hacia dónde queremos ir o qué queremos hacer de nuestra vida. No esperes a la muerte sentada, anímate a vivir, arriésgate a realizar lo que te apasiona más que nada en este mundo, toma decisiones y aviéntate a un mundo de grandes posibilidades de crecer.

Y después de mi choro mareador, ahorita les platicaré por qué inicie de esta manera este post.

El  sábado 23 de abril… Sí ya se, estamos en julio y yo apenas contando lo de abril, no se me pongan intensos que yo la he pasado dos que tres en estos últimos meses y la verdad no sabía ni donde tenía la cabeza, pero ya estoy por estos rumbos dispuesta a seguir contando mis janeaventuras.

Aquí una de ellas…

Corrí los 10K del Golfo con hartos sentimientos encontrados, con la posibilidad de que me dejara fuera de las carreras una enfermedad llamada cáncer y con mis papás apoyándome en cada segundo, les cuento…

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Desde hace varios años deseaba correr esta grandiosa carrera, muchos hablan de ella por ser una de las principales carreras para hacer tu mejor marca en 10k, así que me preparé desde el mes de enero. Todo iba de maravilla, pero bien dicen que uno propone y Dios dispone.

“Janeth, no me gusta lo que veo en tu ultrasonido pélvico ni en tu biometría hemática y quiero hacerte más estudios” – eso me dijo mi doctora.

A partir de ahí fueron semanas muy angustiantes, ya que eran estudios, tras estudios médicos y al llevar uno de los últimos a mi doctora le pregunté: “¿Sé que algo anda mal, qué tengo?” A lo que contestó: “No te puedo dar un diagnóstico hasta no verificar todos tus resultados y necesito mandarte a hacer un  CA 125 (antígeno para cáncer) por lo que estoy viendo y para confirmar o descartar lo que estoy pensando”

Solo pude contestarle con un simple “ok”.

A partir de ese momento pensé en lo efímero que podemos ser ante la vida,  lo verdaderamente importante y valioso de ser felices con lo que tenemos; alcanzar nuestros sueños con trabajo, amor y dedicación, al hacer esto es inevitable no dejar una huella en las personas que amamos, eso es lo bonito de esta vida.

Irme a la carrera del Golfo ya era un hecho, porque había comprado el paquete desde unos meses atrás, así que no lo cancelaría y al regresar vería los resultados con mi doctora.

¡Uff! La incertidumbre era bastante, pero confiaba en que la ciencia ha avanzado de tal manera que podría tener muchas opciones en caso de así requerirlo, así que hicimos maletas mi mamá y yo y nos fuimos al Golfo a tomar un lechero.

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Al llegar, lo primero que hicimos fue desayunar en el hotel,  tenía hambre, y después nos fuimos a  bañarnos a nuestra habitación para más tarde ir por los paquetes al Wall Trade Center (WTC) Veracruz-Boca del Río. Estando ahí en el WTC con la playera en mano abracé a mi mamá y en eso se nos acercó Luis Pineda (el juez que estaría a cargo de la carrera): “Es un gusto verlas de esta manera, madre e hija juntas compartiendo el gusto y además lo disfrutan” ¡Wow! Sentí tan bonito en ese momento con sus palabras -casi se me salían las de Remi-, nos quedamos un rato platicando con él y del nivel competitivo que habría en la carrera, hasta que decidimos retirarnos a descansar un rato al hotel mientras llegaba la hora de la competencia.

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Nos instalamos en el Hotel Diligencias -muy cerquita del centro y de la llegada de la carrera- a unas cuadras del Café Parroquia.  Teníamos todo muy a la mano.

A las 3 de la tarde comimos una ensalada riquísima, descansamos un rato, me comí una barrita de carbos y alrededor de las 4 de la tarde nos dimos a la tarea de transformarnos de corredoras mi mamá y yo.

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A las 6:50 pm ya estaba en la línea de salida, emocionada y muy nerviosa.

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Pocas veces he corrido a nivel del mar y ninguna al caer la tarde, como quien dice, sería mi primera vez. Había mucha humedad -una pipa estaba refrescando a las plantitas de la zona en ese momento y pude observar cómo el vaporcito salía del cemento de la avenida-. Estaba muy nerviosa, mi mamá me tomó de la mano y me dijo: “Tranquila, todo saldrá bien, ya estamos aquí, ahora disfrútalo”.

Era un hecho que lo disfrutaría al máximo.

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El disparo de salida sonó, muchas emociones invadieron todo mi cuerpo, mi mente, mi alma, estaban sincronizadas con mis zancadas, una a una.

Los primeros 3 kilómetros los pase sin problemas, iba sintiendo cómo cada parte de mi cuerpo se esforzaba, cómo respiraba, estaba atenta a cada grito de aliento que decían los espectadores, escuchaba cada aplauso, silbatos e inclusive cómo una niña le daba vueltas a la matraca. Pocas veces me he dado a la tarea de identificar cada parte de mi cuerpo, cómo se va desarrollando a través de cada zancada, de cada respiración y de cada pensamiento.

Kilómetro 4: justo pasando este kilómetro, recordé lo que me había dicho mi madre antes de la salida: “Ya estamos aquí, ahora a disfrutarlo”, así que puse mi corazón, mente y piernas a correr en una de las carreras más rápidas de México.

Llego el kilómetro 5 y mire mi reloj: 21: 30 ¡Wow! Esperaba ver un 22 o quizá hasta un 23, llevaba 3 semanas sin entrenar muy bien, pero cómo dicen por ahí “los músculos tienen memoria” y yo agregaría “¡mis tenis también!”. Me sentía algo cansada, sofocada por el calor, pero dentro de todo me sentía feliz por estar en ese momento viviendo al máximo la experiencia.

Kilómetro 6: Me dio un dolor algo fuerte en el vientre y decidí bajarle un poco, al hacerlo, una pregunta llego a mi mente: ¿y si fuera tu última carrera, no la disfrutarías al 100? No quise ser fatalista, pero era una posibilidad porque de tener cáncer pasaría un largo periodo de tratamiento para después poder correr. Mi mente empezó a divagar en mil cosas y de pronto no pude controlar mis deseos de llorar, lloré desde lo más profundo de mi ser, recordé como inicié a correr, mis primeros kilómetros, mi primer carrera y siempre apoyada de mis padres y de cada una de las personas que siempre han permanecido en mi vida, el llanto no cesaba; sin embargo, me sentía tan bien, tan desahogada, tan yo, pero a la vez tan cansada, mis piernas me pedían a gritos que parara, pero cómo iba a parame, así que corrí, corrí y corrí.

Kilómetro 9: en el último kilómetro me empezó a doler la cabeza, me sentí un poco mareada, estaba llorando y tenía muchos sentimientos encontrados. A lo lejos vi una luz que se me acercaba misteriosamente, un chico con su cámara y tremendo reflector –literal, fue mi rabbit los últimos 300 metros- una gran ayuda y motivación porque a la vez que me grababan, la gente que estaba atrás de las vallas me gritaba: “¡Vamos! ¡Ya terminaste, cierra!”

LA META: Alcé mis brazos, paré mi reloj, logré ver 44:44 ¡Vientos! Fue lo último que pude pronunciar en ese momento, caminé tres pasos y sentí como mi cuerpo se desvaneció, rápidamente me ayudaron unos chicos de primeros auxilios, me dieron un poco de agua y me llevaron a recostarme un poco, mi presión estaba muy baja y mi cabeza daba vueltas. Me quedé ahí unos minutos, hasta que me sentí mejor. Me volvieron a checar mi presión y ya estaba algo estable, después me incorporé a la salida para ir por mi medalla.

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Todo pasó tan rápido, fue un momento de felicidad-dolor, pero sobre todo de mucha reflexión ante los problemas que cada ser humano puede pasar en la vida.

Después de recoger mi medalla, busqué a mi mamá para abrazarla muy fuerte, nos recuperamos de la competencia y nos tomamos algunas fotos, para después irnos a cenar y a descansar de una gran fiesta en el Golfo.

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El martes, al llegar a la CDMX, fui por mis resultados, los chequé con mi doctora y salieron bien, no tengo cáncer; sin embargo, tengo algunos problemas de salud que debo atender y que con medicamento y seguir al pie de la letra cada sugerencia de mi doctora podré salir muy bien de esto.

La vida te da sorpresas, buenas o malas, todo es parte del juego y tienes que jugar con las cartas que tengas, hay que aprender a vivir sin temor y tomarlas de la mejor manera.

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Así es esto de vivir corriendo.

Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López  

¿Cómo reiniciar después de un largo periodo sin entrenar? ¿Cómo inicias a correr después de una lesión?

Después de una lesión y cuando interrumpes tus entrenamientos por un largo periodo ¿cómo reiniciar a correr?

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En los dos casos es importante hacer ejercicios de fortalecimiento y, sobre todo, trotar muy tranquilo.

No es cosa fácil volver a la rutina; te cuesta despertarte muy temprano, dejar tu cama, tu almohada, tu cobija e imploras 5 minutos más. “Total inicio el lunes”. ¡Pues no! Jamás llega el día, te prometes una y otra vez que el próximo lunes iniciarás a correr. ¡Ay ajá! ¿Te suena?

Pues a mí sí –y mucho-. Cuando reinicié a correr, después de mí desgarre en el muslo izquierdo, era una bronca despertarme entre semana a las 5 de la mañana, honestamente te desacostumbras; sin embargo, no es ningún pretexto: ¡si quiere, puedes! Así tengas mucho sueño, tus objetivos los debes poner antes que tu cama.

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Mientras me iba acostumbrando a levantarme temprano; durante el día me daba mucho sueño, me sentía cansada, con hambre y mi organismo andaba vuelto loco -tan solo de pensar en levantarme a las 5 de la mañana, nuevamente me daba sueño-. Es un periodo de aproximadamente un mes, para que tu cuerpo vuelva a acostumbrarse a ese ritmo ¡Ánimo, sí se puede!

¿Cómo reiniciar después de un largo periodo sin entrenar?

  1. Puedes iniciar con 3 días: si inicias con poquitos días podrás asimilarlo poco a poco y no se te hará pesado, después podrás ir aumentando los días.
  2. Mídete: aprende a medir tus entrenamientos, realiza trotes de 20 a 30 minutos de una a dos semanas, luego ve aumentando tanto los minutos para las distancias como tus repeticiones.
  3. Es importante ponerte metas: te ayudarán a no desistir y a sentirte comprometido contigo mismo, puedes inscribirte a una competencia de 5 km, pero debes ser muy constante con tus entrenamientos para descartar lesiones futuras.
  4. Usa ropa y tenis para ejercitarte: el hecho de que reinicies no quiere decir que por ello te pongas el short más viejito que tengas. La ropa para hacer ejercicio no lo es todo, pero si eso te hace sentir bien puedes invertir en ropa bonita para motivarte. Checa tus tenis, recuerda que la amortiguación es importante para no lastimar tus rodillas o talones.
  5. Acércate a tus amigos corredores: que mejor que tus amigos para impulsarte a ser constante en tus entrenamientos, es de gran ayuda mientras le vas tomando el hilo a tus actividades deportivas.
  6. Conoce lugares: quizá por tiempo entre semana no puedas correr en diferentes lugares, pero los fines de semana puedes investigar algún lugar nuevo para realizar tu distancia, como El Ocotal, la Pila, el Desierto de los Leones, entre otros lugares padrísimos; eso, además, te ayudará a mejorar tu rendimiento y podrás llegar más rápido al nivel que tenías.
  7. Ejercicio de fuerza y flexibilidad: son básicos para un buen rendimiento, todo lo que realices extra te dará ese punch para ser mejor en tu deporte sabiéndolo administrar.

Mi mamá dice que los músculos tienen memoria, así que ponlos a trabajar.

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¿Cómo inicias a correr después de una lesión?

Los músculos tienen memoria, pero no por ello hay que exagerar, si dejaste los tenis colgados en tu armario por alguna lesión, lo más recomendable es que trotes muy ligero de 25 a 30 minutos por unas cuantas semanas, (al mismo tiempo ejercicios específicos y controlados), y vayas aumentando poco a poco hasta volver a las grandes distancias. No te quieras comer la pista, es preferible iniciar paso a paso que volver a dejar de entrenar otros 6 meses por una nueva lesión o una complicación.

Tu cuerpo dejó de funcionar de manera continua y la parte de tu lesión esta débil, se deben hacer ejercicios precisos para tu lesión y trotar muy suave en lugares de poco impacto.

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Un error clásico que cometen muchos corredores es que “trotan a su ritmo” y no, el trote es más lento que eso. Aprender a trotar cuando estas lesionado también tiene su chiste, es un trote muy tranquilito, (paso tortuga) quizá te desesperaras un poco por el paso, pero es lo mejor, a veces te sientes muy bien después de la lesión, piensas que ya estas listo y no sientes malestar, pero recaes cuando haces las repeticiones, ya que no tuviste el cuidado suficiente ni la mejor recuperación.

Los amigos en su mayoría son de gran apoyo, pero cuando estas lesionado a veces es mejor apartarte un poquito en tu recuperación, para que no te enganches en su trote, recuerda que el que tiene la lesión eres tú.

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El año antepasado me lesioné por necia, como ya les comenté, corrí el Maratón Ciudad de México con desgarre en el muslo y la recuperación fue de lo más len-ta. Llegar con un tiempo de 3 horas 48 minutos no era lo que esperaba, no sabía si llorar o gritar de felicidad, lejos de mi tiempo era mi primer maratón y literal lo correría coja. Tenía que aprender algo de esa experiencia.

Así fue, aprendí que REINICIAR A TROTAR te cuesta uno y el otro también, dejé prácticamente 3 meses sin hacer nada y otros 2 meses con trotes súper tranquilos de 30 minutos, subí 5 kilos, para iniciar el año pesaba 55 kilos, resultados de excesos. Digo estaba lesionada de mi pierna, bien me pude cuidar con mi alimentación, pero no fue así y le entre rico a la comida.

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Comenzar de nuevo a trotar puede ser incluso hasta desesperante; los primeros días de repeticiones -al ver mis tiempos-, pensaba: “No inventes, estoy pal perro, siento que vuelo y la realidad es que voy como tortuga”. Mis tiempos eran súper altos y me sofocaba muchísimo, pero bueno, poco a poco entendí que iría retomando mi capacidad y en lugar de pensar negativamente cambie el switch a: “Voy poco a poco, mejorando cada día”.

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En ambas situaciones tienes que ser muy constante y tener mucha paciencia, si pierdes cualquiera de estas dos no podrás avanzar mucho, regresarás al inicio tantas veces como estés dispuesta,  así que tranquilo/a y no te estreses, si eres constante lograrás regresar a tu nivel competitivo.

Mientras regresas a ese nivel anhelado, trata de cuidar tu alimentación, es importante encontrar un equilibrio entre tu cuerpo y tu rendimiento.

Janeth López

Corre inteligente, corre con el corazón 

Medio Maratón Rivera Nayarit 2015

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Lo sé, y pido una disculpa por mi retraso, tuvé muchos cambios importantes en mi vida personal y profesional; por ello, tardé en escribir mi crónica. Pensaba dejarla pasar por el tiempo; sin embargo, muchos me han preguntado qué había pasado con mi medio maratón en Puerto Vallarta, así que decidí escribirla con la misma emoción de aquél día.

La felicidad depende 100% de ti.    

Creo que ya les había contado mi gran pasión por el deporte y bueno, todo inicio aquí en Puerto Vallarta.

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Tenía 6 años cuando llegué al Puerto y desde entonces mi mamá se dedicó a inculcarme el deporte como una forma de vida: amar el mar, contemplar los amaneceres en el malecón y ser agradecida cada segundo por vivir rodeada de tan hermosa naturaleza.

Los años que viví aquí fueron inolvidables, llenos de mucho amor y felicidad -siempre que regreso es una fascinación inexplicable por el Puerto- así que era necesario pasar unos buenos días aquí con mi familia y ¿qué creen?

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Pude empalmar algo increíble para un corredor: vacaciones y competencia. ¡Mejor, imposible!

Todo inició la mañana del Viernes 20 de Noviembre 2015 cuando fui por mi kit del Medio Maratón Rivera Nayarit a la plaza Paradise en Nuevo Vallarta, todo pintaba para ser las mejores vacaciones del año y aquí les cuento a detalle…

Llegué a la plaza Paradise alrededor de las 11:00 am por mi paquete, pensé que sería un poco tardado, pero me encontré con un equipo de staff muy eficiente y amable, todo fluía muy bien -nada de filas y cero problemas con la talla de playera- solo estabas ahí para disfrutar y así fue.

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Al salirme del saloncito donde estaban entregando los paquetes y bajar las escaleras eléctricas de la plaza, me encontré a unas chicas de la organización del Medio Maratón sosteniendo en las manos unos letreritos con algunos nombres de los estados de la República, ellas invitaban a la gente a tomarse la foto con el nombre de su entidad, así que no me hice del rogar y me la tomé. De ahí nos fuimos a comer y a descansar para el siguiente día, porque esto apenas estaba por iniciar.

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Sábado 21 de Noviembre 2015: el disparo de salida sería a las 7 am, a diferencia de las carreras en la Ciudad de México tan aglomeradas y en las cuales las personas se forman 40 minutos antes en los carriles de entrada,  aquí podías calentar muy tranquila y meterte a tu carril 5 minutos antes del arranque, así que después de calentar y estirar un poco me fui a la salida. Había bastantes corredores, pero muy organizados –todos muy emocionados y felices-; luego de estar unos minutos parada en la línea de salida indicaron que iniciaría el Himno Nacional Mexicano para después dar el arranque de salida con el tradicional conteo 10…9…8…2..1… ¡Buuuuuum! con sonrisa de oreja a oreja salí feliz a la ruta de mis primeros 21 kilómetros en la Rivera Nayarit 2015.

Primeros 500 metros: jalamos en la punta unas 13 chicas, el primer grupito era de 6 mujeres -iban súper rápido-, 200 metros atrás íbamos las demás, junto a mi iba una chica muy alta, obviamente su zancada era el doble que la mía, su respiración muy tranquila -era como si estuviera muy  acoplada al clima- nos fuimos juntas hasta el kilómetro 5.

Kilómetro 5: Decidí dar un jalón para saber qué posibilidades tenía de que fuera una rival fuerte para mí, así que lo di y no me siguió, poco a poco fui apretando el paso para no dejar ir tanto a las punteras.

Lo único que pensaba hasta ese momento era correr más rápido y no desesperarme con el calor. Ya había corrido a nivel del mar -en Veracruz-; sin embargo, aquí me pego la humedad, -el día anterior callo un chipi chipi en el Puerto y se sentía mucho la humedad-.

 Kilómetro 9: justo en este kilómetro había un chico gritando: “¡10 kilómetros por aquí, 21 a la vuelta!” ¡Zaz! Me di cuenta que el primer pelotón de chicas iba al del 10K -entendí su velocidad- (mi rostro pinto una risa tonta, siempre trate de alcanzarlas). Ya no pude contar cuántas chicas iban al 21k y cuántas se quedaron en el 10k, eso me creó un poco de incertidumbre.

La pregunta del millón: “¿Y entonces en qué lugar voy?”.  Continúe corriendo sobre la mariana en Nuevo Vallarta, con hermosos paisajes, pero muy desierta en cuento a personas. La verdad cuando estás acostumbrada a ver mucha porra como en los medios maratones de la Ciudad de México, es extraño sólo encontrarte a los chicos de los abastecimientos aplaudiéndote, pero con toda la actitud de porra.

Kilómetro 12: “no puedo ir muy atrás, debo ir entre los primeros 5 lugares generales de mujeres”, pensaba al ir corriendo, de pronto vi al primer hombre en la acera contraria, eso era una señal que pronto vería a la primer mujer y con eso podría contar en qué lugar iba.

1, 2, 3, 4, 5 y yo merita, iba en 6to lugar, el 3, 4 y 5 no me llevaban mucho, me di cuenta de eso porque estaba ya muy cerca del retorno y lograba ver la espalda de mis compañeras,  así que desde ese momento mi meta era pasarlas a como diera lugar.

Kilómetro 13: pase a una chica, ya iba en el lugar 5; sin embargo, no me podía confiar, entonces trate de aumentar un poco mí paso, pero tratando de no quemarme para poder seguir peleando.

Kilómetro 15: logré llegar al 4° lugar, necesitaba pasar una más para obtener el 3er lugar, ya me sentía cansada y algo deshidratada, correr a nivel del mar con el sol en la cara no está nada padre, pero lo disfrutas de una manera increíble que quizá sólo los corredores podemos entender, es como tener dos mentes, una te dice: “No hay problema, baja tu ritmo, vienes a disfrutar no a sufrir” y la otra echándote todas las porras posibles: “¡Tú puedes!, ¿para eso te despiertas tan temprano? ¡Métele que es corriendo!”

Kilómetro 17: De pronto un grito, ahora de la acera contraria: “Pelea, es tuyo”, era mi mamá gritando a todo pulmón, ella también iba corriendo y sé que iba haciendo mucho esfuerzo; sin embargo, tuvo energía para gritarme.

Kilómetro 18: Pasé al 3er lugar ¡Wow! Ya iba en 3ero después de ir en 6to, sentía mi cara llena de sal y mis piernas doblarse, trate por todos los medios de continuar incrementando el paso, ya que el 2do era mi próxima meta.

Kilómetro 20: Me llevaba 200 metros de distancia la chica del 2do lugar; ¡Si puedo! ¡Si puedo! Iba repitiéndome todo el tiempo, cada zancada me acercaba más a ella y recordé algo que un día me dijo mi mamá: “La carrera no se acaba hasta que cruzas la meta”, juro que en ese momento mi cuerpo se estremeció dándolo todo en esos 200 metros, pero justo en los últimos 50 metros para entrar a la meta, la chica de 2do lugar volteo, me vio y comenzó a cerrar,  desafortunadamente mis piernas ya no me dieron para más, llegué atrasito de ella, solo a unos pasos de diferencia.  Apenas mis pies cruzaron la meta me sentí de lo más contenta, nunca me rendí, mis piernas casi se doblaban y mi respiración estaba muy agitada, entré en 3er lugar con 1 hora 35 minutos, los mejores para mí.

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Estaba feliz, caminé al abastecimiento, recogí mi medalla y me dieron un coco helado de lo más delicioso. 

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Me regresé en sentido contrario por la ruta, tenía que ir a echarle porras a mi mamá. En cuanto la vi, me fui con ella los últimos 500 metros, la iba alentando, el calor era más intenso y ya se veía muy cansada, entró a la meta ocupando 3er lugar también en su categoría Veterana.

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No podía estar más contenta: mi mamá y yo en 3er lugar, cada quien en su categoría y mi papá echándonos muchas porras desde las gradas.

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Me divertí en la ruta, lo disfruté, me cansé, pensé que mis piernas se iban a doblar en cualquier momento, sentí dolor y cuando llegué a la meta simplemente se me olvido TODO, así es esto de correr Medio Maratón: pasión por lo que haces

Recomiendo ampliamente este Medio Maratón Rivera Nayarit, excelente organización, abasto en la hidratación, la medalla muy significativa junto con los trofeos de premiación (hechos a mano por los Huicholes), la ruta es plana y te deja bajar tu marca personal, la gente muy atenta, tienen un buen equipo de jueces, muy profesionales.

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Ahora a disfrutar 15 días del magnífico Puerto Vallarta.

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Les recomiendo el restauran “El Eden” uno de mis favoritos, se encuentra en medio de la montaña

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Si vas a Vallarta, tienes que visitar “Las Islas Marieta” son espectaculares

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Puedes disfrutar un paseo por el malecón, de día o de noche, lo disfrutarás enormemente.

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“Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe” es ícono del puerto, domina el panorama del centro de Puerto Vallarta

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“La tuva” es una bebida exótica y típica de las regiones tropicales, es de los más rica y refrescante.

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En la noche, puedes disfrutar desde antojos típicos, baile público, hasta observar caracterizaciones de chicos que pueden pasar horas sin moverse.

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Sayulita es playa, surf y paz. Te encantará si estas buscando tranquilidad, buena comida, colorido, buenos hoteles y una escuela de surf.

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Los tacos de Marli son de lo mas ricos 

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Son deliciosas las nieves de Sayulita, en especial las de Wa kika, mi recomendación: La nieve de maracuyá

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La Comida es deliciosa en Puerto Vallarta

Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth

 

Precaución en el Nevado de Toluca

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El objetivo era hacer un entrenamiento; después traté de observar todo lo que pasaba a mí alrededor.

Hace unas semanas tuve la fortuna de hacer uno de mis entrenamientos base, como parte de mi temporada de fuerza para este año, en el Nevado de Toluca; inicié en el poblado llamado “Raíces”, el objetivo era terminar en las lagunas, pero no pude pasar por la nieve -solo llegué a “las cadenas” (el último albergue que existe antes de rodear el cráter y llegar a las lagunas)-.

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El Nevado de Toluca es un lugar mágico, increíble para entrenar; sin embargo, cada fin de semana se ha vuelto un caos total, aquí les cuento mi visita al nevado.

Al llegar al poblado de Raíces me bajé del auto, calenté un poco, preparé algunas cosas para la distancia -entre ellas, gomitas, chocolates Carlos V, gel y bolsitas de agua-, y  me alisté para iniciar mi entrenamiento-. Apenas di unas cuantas zancadas y… “¡Oh cielos!”  Cientos de autos, uno tras otro a toda velocidad, era una cantidad barbará de carros levantando polvo al por mayor, sintiéndose actores de la película “Rápidos y Furiosos”, pero en Toluca -les prometo que no estoy exagerando-.  Solo avancé dos kilómetros y me encontré con todos los autos que me habían rebasado rapidísimo, una fila de autos impresionante, todos iban al mismo lugar: Las lagunas del Nevado y, claro, ¡la nieve!

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La fila de autos se debía a que la Policía de Alta Montaña se encontraba en la caseta de cobro del parque de Los Venados invitando a los paseantes a estacionar su auto en ese lugar, para continuar su visita a pie. Pude acercarme y preguntarle a la Policía de Alta Montaña el motivo por el cual no dejaban pasar con auto: “Es una orden de arriba para cuidar la flora y fauna del Nevado de Toluca, únicamente los fines de semana no se permite subir con auto, porque aproximadamente son 10 mil personas que nos visitan”. Hasta ese momento lo vi bastante razonable por la cantidad de personas.

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Total que continué mi trote; a su vez me iba encontrando muchísimas personas caminando, sin el calzado adecuado, sin una chamarra apropiada para el lugar, cruzándose por veredas sin tener un guía de montaña y con el riesgo de perderse en la zona.

A unos metros de distancia habían puestos de aguas, golosinas, palomitas, chicarrones, galletas y refrescos, así como varias camionetas de redilas estacionadas ofreciendo llevar a las personas hasta las antenas por la modesta cantidad de 50 pesos. ¡Wow! ¿Qué no se suponía que todo era para cuidar la flora y fauna del Nevado? Me sentí un tanto timada por la Policía de Alta Montaña.

En fin, al llegar a las antenas me di cuenta de cómo iban bajando de las camionetas los paseantes, sin ropa adecuada, sin comida, sin agua, pero sí con patines y tablas de surf ¡No podía creer la imprudencia de las personas al traer esos objetos al Nevado de Toluca! pero esto no es todo, a 20 metros me lleve la sorpresa de mi vida: un puesto de quesadillas, tacos y pambazos, la gente amontonada comiendo, dejando basura en todo el camino y, a partir de ahí, todo se convirtió en un suplicio para muchos de los visitantes, ¿Por qué?…

A unos 100 metros, pasando las camionetas y el puesto de quesadillas, había varias personas sentadas, acostadas e, inclusive, dormidas en pleno camino, muchas de ellas con dolor de cabeza, hasta vomitando. Era en verdad terrible ver a tantas personas mal y sin el conocimiento básico para poder hacer algo al respecto.

Poco antes de llegar a las cadenas vi un señor agachado, estaba vomitando, me acerque a una señora, -al parecer era su esposa- le dije: “Ojalá pueda bajarlo rápido porque es la única manera en la que él se sentirá mejor”, lo único que me respondió fue “Gracias”, y el señor se incorporó para caminar a donde estaban los de Protección Civil –era muy poco lo que le faltaba para llegar a las cadenas-.

Llegando a las cadenas era inaudito ver a tantísimas personas en las camionetas de Protección Civil -no se daban abasto para atender a tanta gente-, muchas de ellas con dolores de estómago y cabeza, con algún esguince, inclusive tenían a una señora con fractura. Honestamente no me quise quedar mucho tiempo ahí, apenas llegó mi mamá al lugar y nos cruzamos para subir a ver las lagunas, donde, contrario a lo que acaba de ver, el escenario era sublime y la naturaleza gritaba lo pequeño que somos ante su inmensidad.

Luego de estar un rato admirando las lagunas y sí, tomando muuuuuchas fotos, nos bajamos a las cadenas nuevamente para continuar nuestro descenso al parque de Los Venados. El regreso no fue diferente, las personas seguían caminando para ver lo majestuoso que son las lagunas, pero sin las medidas de precaución que deberían tener. Por cierto, si querías que te bajaran las camionetas a 2 kilómetros antes de llegar al parque de Los Venados te cobraban otros 50 pesos por persona, y si bajabas después de las 4 de la tarde cobraban 100 pesos. ¡Un negocio redondo!

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En mi opinión falta muchísimo personal capacitado para una emergencia, puestos de atención médica en lugares específicos (zonas de peligro), señalamientos para los paseantes –dónde sí pueden caminar y dónde no lo deben hacer porque puede estar en riesgo su vida-, guías de montaña bien capacitados y vigilancia en toda la ruta desde el parque de Los Venados hasta las lagunas.

¡Es terrible ver la corrupción que existe en este lugar tan especial!

Una aventura más en el Nevado de Toluca.

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Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth