Si dejas de soñar, dejas de vivir.

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De pequeña veía a mi madre terminar los maratones cansada, ampollada, a veces un poco rosada, con la cara llena de sal y me preguntaba ¿Le gustará tanto correr? Eres niña y no sabes en realidad la magnitud de lo que significaba correr un maratón 42 kilómetros 195 metros. Fui creciendo y poco a poco me percate del valor que tiene correr un maratón, la dedicación, disciplina, constancia, tenacidad, fuerza mental, física y espiritual porque correr un maratón es un ARTE.

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En enero decidí correr el maratón, obviamente mi madre puso el grito en el cielo y antes de cualquier cosa me preguntó: “¿Segura? Porque si lo quieres correr sabes que conmigo es disciplina y obediencia” ¡Claro! Le contesté. Ella deseaba que entrenara dos veces al día, pero honestamente no me daba tiempo por el trabajo; sin embargo, le dije: “No puedo con dos entrenamientos, pero me comprometo con una sesión de calidad” y así fue.

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Estaba acostumbrada a poco kilometraje y carreras de 5-10 km, así que mi madre fue llevándome de una manera sorprendente que no sentí el cansancio de los entrenamientos. Los meses fueron pasando y mi objetivo jamás lo quité de mi mente: Correr el Maratón Ciudad de México

Levantarme muy temprano para irme a entrenar, desayunar, ir a trabajar, comer, seguir trabajando, cenar y dormir: Prácticamente esa fue mi vida durante meses.

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Los entrenamientos fueron pesados, pero divertidos con mis compañeros del “Nava Team”. Correr en grupo te ayuda muchísimo, el simple hecho de su presencia me confortaba, fueron parte muy importante durante mi etapa de entrenamiento para este maratón.

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Hubo momentos en los que me preguntaba ¿En dónde me metí? ¿Qué hago aquí? y respondiéndome una y otra vez: “Porque tienes un objetivo, Janeth”

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Durante mis entrenamientos me di cuenta que los corredores tendemos mucho a hablar con nosotros mismos, preguntarme y contestarme era algo común cuando hacia mi distancia larga y llegue a pensar que de ahí venía la frase: “Esos corredores locos”.

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Llegaron los meses más pesados: Durante mayo, junio y julio aumenté aún más mí distancia y cuando escuchaba la cantidad de repeticiones definitivamente pensaba en el maratón para no quedarme paralizada.

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A mediados de julio quería quedarme unos minutos más en mi cama, pero mi conciencia no me dejaba y me despertaba para irme a entrenar.

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En una de mis últimas distancias me dio por llorar, te entra lo sensible y abracé a mi mamá cuando me di cuenta todo lo que había corrido ¡No podía creerlo!

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Al llegar agosto -y faltando 15 días para el maratón- me lesioné por hacer un estiramiento mal, al principio pensé que sólo era un dolor, pero no fue así, me atendí en seguida: “Tienes un desgarre en el muslo, vamos a tratarte y veremos cómo evolucionas, yo te regalo otra sesión para que llegues mejor a tu maratón” palabras sabias de mi doctor; a partir de ahí entré en desesperación, frustración, coraje, tristeza y mil cosas pasaron por mi mente.

No había experimentado tanta frustración, entrené mucho, me preparé lo suficiente, cuide mucho mi alimentación, viví cada paso pensando en correr el maratón y faltando unas semanas ¡Zaz! resulta que no podrás correr el maratón.

“Cómo ves si mejor te esperas a que te recuperes y después vemos qué otro maratón puedes correr, maratones hay muchos” No madre, voy a correr el Maratón Ciudad de México.

¿Aferrada? Sí, me aferré a un sueño, a mis entrenamientos de meses anteriores, me había costado sudor, emociones y lágrimas, sabía perfecto que después del maratón en mis condiciones iba a descansar mucho más de lo normal, pero era un compromiso conmigo misma y con todas las personas que me apoyaron en esta locura.

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Entiendo que maratones tenemos muchísimos en nuestra Republica Mexicana, pero ese sería mi primer maratón, era el objetivo que perseguí durante meses y sin exponer más allá mi salud continué con mi terquedad de correrlo.

En ese momento no quise escuchar las palabras de mi madre, era como si sólo existiera un maratón en el planeta y por otra parte se me fuera de las manos mi sueño.

Mis últimas semanas de “entrenamiento” fueron en viveros de Coyoacán solamente trotes de 30 minutos, los días fueron pasando y el dolor logró ceder un poco; sin embargo, al estar pisando mal y quizá como consecuencia del desgarre mi ingle me empezó a doler, seguí con fomentos, sábila pero iba aumentando la molestia, luego regrese con mi doctor y me dijo: “Tienes una lesión fuerte en la ingle, pero vamos a sacártela, podrás correr el maratón” volví a mi casa con sábila, fomentos calientes y con la esperanza de poder correr el maratón.

Caminando en viveros de Coyoacán fui con la Virgen del Árbol y le pedí que me diera la fortaleza suficiente para terminar mi maratón.

Hoy entiendo lo que significa correr un maratón y la frustración que puede sentir mucha gente al lesionarse faltando pocos días para su competencia.

Te llenas de frustración; en sí, la frustración no es porque no puedes correr, si no por todo lo que existe detrás de un maratón.

El desgarre y la lesión en mi ingle iba cediendo un poco, pero continuaba el dolor al trotar.

“Tienes que tener fe hija” palabras de mi madre, que gracias a dios la tengo cerca de mí, además maratonista, sabia perfecto lo que estaba pensando y sintiendo.

En la semana previa al maratón definitivamente traté de relajarme y sólo vivir el día a día.

Jueves 28 de agosto: Fui por mi kit de competidor, me cargué de energía, visité algunos stands, me encontré a muchos amigos y viví el día súper. Después de la entrega me fui a comer una pasta riquísima.

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Sábado 30: Desayune atún, jugo verde, pan integral y fruta, fui a traer unas bandas azules a la expo del maratón (fue muy rápido); llegue a mi casa a descansar, comí pescado asado con espagueti, ensalada de verduras y agua de coco para más tarde cenar por ahí de las 6:30 pm una pizza a la leña acompañada de un café; luego preparé mi ropa con la que correría -calcetas, playera, ropa interior- mi mochila, la cámara, un snack para después del maratón, agua y, al terminar, me fui con una amiga, Verito, porque su esposo es excelente poniendo las tan famosas bandas azules (lo que menos deseaba era ir parchada al maratón, pero quería agotar cualquier ayuda para mi pierna). Luego, simplemente me dispuse a descansar.

Domingo 31 de Agosto: Corazón, mente y piernas.

Desperté muy temprano (4:00 am): Abrí mis ojos, suspire y en voz baja, dije: “Daré lo mejor de mí”; lavé mi rostro, me asomé por la ventana, me percate que estaba chispeando, así que metí unos tenis a mi mochila y comencé a vestirme, mi cuerpo sabía que el día había llegado.

El tan famoso chipi-chipi se convirtió en lluvia (5:00 am): Pasé por una amigo a su casa, de ahí nos fuimos directo al monumento Hemiciclo a Juárez; la lluvia no cedía mucho, las calles inundadas, los nervios crecían, mi corazón se aceleraba un poco al ver en las calles a grupos de corredores con su playera conmemorativa.

Palabras sabias, (6:30am): Buscando los baños me encontré a una amiga de mi mamá, Candy Gachus, una corredora excelente que a sus 50 años hace 3 horas 25 minutos en maratón. Luego de tanto buscar encontramos los baños y en la fila mi madre me abrazó: “Hija, da lo mejor de ti, te amo mucho, yo estaré ahí” esas palabras se convirtieron en mi mantra durante todo el maratón; a partir de ahí la adrenalina subía poco a poco. El ambiente se sentía cálido a pesar de la ligera llovizna que no deseaba ceder, la gente emocionada, mamás dándole la bendición a sus hijos, los hijos abrazando a sus papás, las fotos del recuerdo, gritos de eufóricos, uno que otro perdido, sonrisas y corredores de todos los niveles con la adrenalina a tope.

Busque un lugar para trotar, me quite el pants que traía, me puse vaselina, volví al baño y me fui al corral que me correspondía –amarillo-, mientras escuchaba la salida emotiva de las sillas de ruedas a las 6:45 am.

Emociones al 100 (7:05 am): Las mujeres de élite se preparaban para salir, los hombres élite comienzan a colocarse en la línea de salida, yo en el bloque siguiente, muero de los nervios mientras caen gotas enormes.

Por todos lados se escuchan gritos (7:15 am): Las mujeres élite salen y los hombres preparan su cronometro para hacer lo mismo a las 7:20 am.

No recuerdo exactamente si hubo Himno Nacional Mexicano en nuestro bloque, perdí por un instante la noción del momento pensando en que sería un día increíble, cuando de pronto escuché a lo lejos el conteo.

10… Voltee al cielo, percatándome que la lluvia vendría más fuerte…

9… Moví un poco los brazos y las piernas…

8… Sonreí al mismo tiempo que preparé mi cronometro…

7… Me persigné, pensé en que si estaba ahí era para divertirme, lo demás ya era historia…

6… Algunos amigos a mi alrededor me brindaban su mano mostrándome su apoyo…

5…La lluvia era más intensa, alcé mi cara al cielo y dejé que las gotas mojaran mi rostro un poco…

4… 3… 2… 1… Cerré los ojos, llevé mis manos al rostro, suspiré y poco a poco dejé que el aire saliera por mi nariz.

¡Bum! Euforia descontrolada, (7:25 am): Salimos todos los corredores mortales con sueños y un objetivo en común: “llegar a la meta”

Al parecer la naturaleza quiso que fuera un maratón inolvidable y así fue.

Los primero 5 kilómetros fueron de lagunas enormes provocadas por la lluvia intensa que no cedía, al parecer el dios Tláloc estaba despierto a esas horas y deseaba aderezar el momento con un toque más intenso.

Me tuve que quitar mis lentes, ¡ni modo! No veía mucho, pero menos veía con los lentes empañados y llenos de agua.

5km

Ya era mucha la energía que se percibía, jamás había visto tanta gente en las calles animando a los corredores muy a pesar de la lluvia, los gritos se escuchaban claros: “¡Vamos corredores! ¡La lluvia sólo es su acompañante por un rato! ¡Ustedes pueden! ¡Nos vemos en la meta!”

“¿Cómo vamos, Janeth?” bien, vamos bien, le contesté a un señor que muy amable se acercó a mí, después me di cuenta que era un seguidor de mi pág.

Yo iba tan feliz de poder cumplir un sueño y atenta a todo lo que pasaba a mí alrededor, escuché a lo lejos: “¡Vamos Janethcorremas!” Alce mi pulgar en señal de agradecimiento.

El maratón apenas pintaba sus primeras letras en la historia, la lluvia se había vuelto un ligero chipi-chipi que nos siguió acompañando por varios kilómetros sobre la avenida Reforma, definitivamente esta lluvia deseaba convertirse en la protagonista de este maratón “Ecológico” 2014.

10km

Mi cuerpo no lograba calentarse del todo y mis piernas definitivamente menos, el muslo me comenzó a doler un poco y trataba de distraerme con pensamientos positivos e imágenes de personas emocionadas por ver a su familia, cuando de pronto un señor se acerco a mí: “¿Cómo vas, Janeth? ¡Vamos, tú puedes!” Muy bien, gracias, le contesté.

15km

Tomé un poco de agua en un abastecimiento, apenas eran unos tragos y mi estómago gruñó enseguida, seguí corriendo y kilómetros más adelante encontré un baño, tuve que pasar, lamentablemente me había dado diarrea, ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué paso? Me llenaba de preguntas sin una respuesta precisa, me incorporé rápidamente y aceleré el paso, no quería perder más tiempo, no podía pensar con claridad, porque estaba muy enojada, molesta, entré en pánico y más adelante un amigo me grito: “¡Janeth, tú puedes con la lluvia y más!” sonreí, pensando en que él tenía razón. Iba a vivir el maratón con las circunstancias que se me presentaran, no había más.

21km

Llego la zona de Polanco. Salía un olor bastante feo de las coladeras. Luego la obra de Mazaryk parecía “zona de obstáculos”, tuve que brincar láminas, pedazos de concreto y madera que supongo la noche anterior habían dejado los trabajadores. Fuera de eso todo bien. Los meseros de diferentes restaurantes ofrecían en sus charolas sándwich, fruta y agua. La gente nos aplaudía, gritaba a más no poder: “¡Vamos corredores! ¡Ya falta menos!”

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De pronto mi madre: ¡Vamos chiquita hermosa! ¿Cómo vas? Bien ma, le contesté.

Adelante tuve que hacer otra parada en el baño y eso me desesperaba, pero al mismo tiempo trataba de tranquilizarme con frases: “¡Aprende de lo que te pasa! ¡Si estás viviendo esto, es porque tengo que aprender algo!”

Vi un abastecimiento y tome agua, tenía que hidratarme para no dejar que mermara más mi rendimiento.

Al ir corriendo me percate de un señor con silla de ruedas luchando con ahínco por un lugar en el maratón, vi que estaba haciendo algunos gestos de esfuerzo y logré decirle: “¡Eres un campeón!”. Me dejó pensando en algo importante: Todos tenemos capacidades diferentes, pero la posibilidad de rendirnos o luchar por lo que soñamos en la vida es decisión propia, así que no iba a bajar del cielo un ángel para que corriera el maratón a toda velocidad por mí, entonces, a tomar lo mejor de esta experiencia y a seguirle dando.

De pronto vi el Auditorio Nacional y mi madre estaba ahí paradita esperándome: “¿Cómo te sientes? ¿Quieres algo? Sí, necesito papel seco para limpiar mis lentes… sacó de su bolsa y me lo dio. ¡Volví a ver todo tan claro después de la lluvia!

A 50 metros del Auditorio parecía “Chapultepec en domingo”. Había muchos corredores irresponsables invadiendo carriles, aquí llevábamos medio maratón (21 km), ya pesaban estos kilómetros en las piernas y tener que esquivar a algunos corredores era algo muy complicado.

Las puertas de Chapultepec se abrían para nosotros, la ruta se había convertido en un maratón “todo terreno”, el lodo era demasiado y aunque ya no llovía nuestros tenis se volvían a empapar por las enormes lagunas. Al salir del bosque me topé nuevamente con un contingente de corredores dispuestos a meterse para realizar su distancia o simplemente correr por acompañar (después daré mi opinión acerca de los corredores que se meten al maratón por diferentes circunstancias). Llegamos a la Glorieta de Insurgentes y toda la gente súper enfiestada con porras, matracas, silbatos y todo lo que se prestara para hacer ruido, de ahí entramos a la Condesa, donde un amigo me grito: “¡Vamos Janeth!” en verdad que significaron mucho para mí esos gritos de aliento.

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A lo lejos vi un abastecimiento, me acerqué para tomar un poco de agua, me humedecí la nuca, me refresqué y a seguirle.

El dolor del muslo era más intenso y mi estómago seguía haciendo mucho ruido, continúe corriendo y al llegar al kilómetro 29 vi a mi mamá, a mi ángel todo terreno preparado para correr a mi lado: “¿Cómo vas?” Bien, continuamos por un rato corriendo sin decir nada, pero al llegar al 30 le dije: “Mamá traigo diarrea y mi pierna no me deja” busqué un baño, entre y salí para luego incorporarme a la ruta. “¿Cómo te sientes?” Bien. Creo que jamás le dije a mi mamá que me sentía mal. “¿De tu pierna?” Traigo el dolor, pero sí llego, navita.

De pronto la recta de insurgentes, a partir del kilómetro 32 rumbo a la GRAN META de Ciudad Universitaria fueron los más pesados e increíblemente los más satisfactorios.

“¡Vamos, hijita mía! ¡Vas por lo tuyo!” Me decía mi madre por el kilómetro 34.

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Llegar al kilómetro 36 no había sido fácil con una pierna adolorida en un 80% y retortijones en mi estómago, pero dispuesta a dar lo que fuera por llegar a mi meta.

Las porras eran absolutamente increíbles, alimentaban mi alma, mi espíritu y por supuesto mi voluntad de llegar. De repente quería llorar, luego reír y otras gritar, escuchar a tantísima gente me generaba emociones positivas.

“¡Esto es de ovarios, hija! ¡Chingale!” palabras que me sacaban de mi estado zombi.

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“Esa es mi amiga” gritaba mi gran amiga Verito y su esposo cargando un letrero que decía “Janeth sin límites eres una campeona”. En verdad me recargaron las pilas, me emocioné muchísimo, a punto de llorar, y los recuerdos de mis entrenamientos llegaron más claros a mi mente.´Mis amigos nunca me dejaron: Eliseo todo mojado por la lluvia gritando a todo pulmón, Verito y su esposo con carteles a todos los corredores, Arturo con su llamada un día anterior me robaron el corazón.

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Me di cuenta de la marea verde que ya había en mi camino, muchísima gente que se me atravesaba como si nada, en verdad que después de tantos kilómetros esquivar a una piedrita era cómo atravesar un cerro enorme.

Me hidraté con agua y un poco de coca cola, no quería tomar otra cosa por mi estómago.

Kilómetro 39: Bajé un poco mi paso, la pierna no me dejaba: “¡No le bajes, hijita! ¡Vamos, ya vas a llegar!” Escuchaba a mi madre llena de emociones que trataba de controlar, así que volví a tomar el paso.

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Kilómetro 40: “¡Estos kilómetros son tuyos! ¡Ya llegaste hasta aquí, ahora disfrútalos!” mi mamá no paró de hablar desde el kilómetro 36, era como si sintiera mi dolor y a la vez su gran fortaleza me confortaba, sabía que ya faltaba menos.

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Los últimos dos kilómetros fueron por amor propio, sentí un pequeño aviso de calambre en mi pierna izquierda, mis dedos de los pies estaban engarrotados, mientras mi madre me decía: “¡Ya terminaste chiquita! ¡No hay dolor en el corazón!” y sí, efectivamente.

Llegué al estacionamiento de Ciudad Universitaria con mi mamá a lado, abrí mi zancada y dije en voz baja: “¡Este día será perfecto, a seguirle dando!”.

Al ir corriendo mi mamá me dijo: “Hijita, te veo allá en la salida”, yo le respondí: ¡TE AMO, NO ME DEJES, TIENES QUE ENTRAR CONMIGO!” tal pareciera que mi madre se volvió invisible unos minutos porque nadie le dijo nada al entrar.

Llego el túnel y los últimos 195 metros fueron espectaculares: Salí del túnel con una subida de 50 metros que parecía un kilómetro, el resplandor del sol me pegaba directo a la cara después de la inmensa lluvia, para entrar luego a la pista de tartán. La gente en las gradas gritaba emocionada, los corredores a mi lado alzaban sus manos en señal de victoria, y escuchaba gritos fuertes y sonantes. Le metí más velocidad, tomé la mano de mi madre fuertemente y le dije: “Este maratón es tuyo y perdóname si no pude correr mejor”, mi madre sólo me abrazó y me dijo: “Te amo”. Cruzamos la meta en 3 horas 48 minutos, los mejores de mi vida.

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Este maratón me hizo más fuerte emocional y físicamente.

Salimos de la pista muy emocionadas, me entregaron mi valiosa “E”, me fui al área de masajes y después a celebrar con mis amigos.

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Al llegar a casa me bañé con agua fría y me percaté de que no había rozaduras ni ampollas ¡Magnífico! Lo que sí había era un intenso dolor en mi pierna.

Este post se lo dedico especialmente a todos los corredores que se prepararon durante meses para este maratón, a mis padres que siempre me han apoyado en mis locuras y a cada uno de mis amigos corredores y no corredores por aguantarme hablar del maratón día y noche.

Así viví mi primera experiencia de maratón ¡Intensa! ¿verdad?

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Aprendí muchas cosas, pero más sobresalientes fueron 3:

  1. Jamás correr con lesión, así te falten 15 días para la competencia, sacrificas mucho tu cuerpo y tardas mucho en la recuperación, tiempo valioso para un corredor.
  2. Nunca decir: “a mí no me pasa” cuando te da diarrea en una competencia no significa que no te cuidaste, yo me cuide muchísimo; sin embargo, me paso a consecuencia de que la pizza tenia pedazos de carne molida y quizá no estaban bien cocidos. Ya la había comido antes y jamás me había pasado eso. (entrene todo lo que iba a comer meses antes)
  3. Da lo mejor de ti siempre porque no sabes si volverá a repetirse.

Janeth

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  1. Luis Alfredo Ramos dice:

    Hola Janeth muy bonitas historias vividas dentro del atletismo, apenas vi tu página esta padrísima el 2015 corrí mi primer maratón de la cd. de México y este año será mi segundo primeramente dios, y los nervios de ver tantos competidores que buscan el mismo objetivo llegar a la meta, felicidades por todas tus experiencias que compartes eres un ejemplo a seguir espero conocerte personalmente algún día

  2. Julián Islas Girón dice:

    Que historia!! Enhorabuena! y esta muy chido el blog!!! Felicidades!!

  3. Adrian Medina Rubio dice:

    No inventes que crónica tan mas emocionante, la verdad es que bastante conmovedora, es super emotivo que terminaras corriendo ese maratón al lado de tu máma, yo me inscribi y entrene pero mi madre fallecio 3 semanas antes y estaba devastado animicamente, lo que va de este año 2015, asi como ultimos meses del 2014 me he estado preparando, sera mi primer maratón, se que mi mamá estara espiritualmente apoyando y me siento con muchos animos de hacer un buen maratón. Mucha suerte Janeth y aunque no te conozco en la ruta de ese maratón 2015 nos veremos o en alguna otra carrera. Félices kilómetros

    • janethcorremas dice:

      Hola Adrian

      Lo recuerdo u me emociono😉 son experiencias que se quedan en el corazón y bueno, es lamentable lo de tu mami, pero sé que en el lugar donde se encuentre te estará animando todos los 42km.195 metros así que a darle con todo a los entrenamientos que tu mami será la principal porrista

      Saludos

  4. Estrella Stephens dice:

    HOLA JANETH
    No cabe duda que al leer tu relato nos conmueve a todos los trotadores y corredores. Eres un buen ejemplo para muchos, felicidades!!. Hace poco competí en “ESOS LOCOS QUE CORREN” en la ciudad de Gto. y entre el publico nos apoyaban y gritaban su admiración a todos los locos que corremos y se siente muy padre que aunque no nos conozcan nos feliciten, SALUDOS Y CUIDATE!

  5. 5513752965 dice:

    te felicito yo espero el próximo año correrlo pero tengo miedo por que he corrido el mas largo medio maratón y me quede como trauma do
    pero lo tengo que lograr.

    • janethcorremas dice:

      Hola

      Claro que puedes correrlo, necesitas entrenar mucho y tener un equilibrio entre las distancias y tus repeticiones.Tienes un año, asi que tú puedes lograrlo

      Saludos

  6. ROBERTO ESPINOSA dice:

    Te juro que me conmueve tu relato, y como corredor novato me inspira, FELICIDADES

  7. richiglez dice:

    hola janeth muchas felicidades!!! cada publicación tuya hay frases nuevas y llenas de aliento para las personas que tenemos cosas por lograr (no solo al correr) gracias por esas frases alentadoras y nuevamente !!felicidades¡¡¡ y que tengas una pronta recuperación

  8. el mayo dice:

    muchas felicidades por tu logro alcanzado,
    que te recuperes por completo . saludos

  9. Victor Serna Morales dice:

    HOLA JANETH!
    Maravilloso relato! doble mérito por terminarlo con una lesión. Tienes una estupenda familia y una GRANDIOSA MAMÁ!. Fue un día inolvidable, por la lluvia, por la emoción del evento, por toda la gente extraordinaria que sin conocerte, sale temprano, prepara algo para dartelo y alentarte, gracias a todos los voluntarios, pero sobre todo: “GRACIAS A DIOS” por permitirnos hacer todo esto y sentirnos en el cielo por un momento.Me hubiera gustado acompañarte por un buen lapso pero sólo me acerque para saludarte y no sacarte de concentracion. FELICIDADES!

  10. Eugenio delgado espino dice:

    Felicidades saludos

  11. Consuelo dice:

    Hola: muchas felicidades x tu actitud y no dejarte rendir, te escribo porque viví algo similar a ti, yo también corro, no a tu nivel lo más que he corrido son carreras de 16 km. Y me identifico xq en una carrera con obstáculos me caí y me rompí el perone a la altura del tobillo del pie derecho. Tengo miedo a no recuperarme y poder volver a correr. Saludos

    • janethcorremas dice:

      Hola Consuelo

      No te me deprimas, claro que podrás salir de tu problema en el peroné, tienes que tener mucha paciencia y poco a poco podrás ir haciendo ejercicios tranquilos, todo a su tiempo y cumple lo que el doc te indique.

      Saludos guapa

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