“El maratón inicia en el kilómetro 30, deja que tu corazón corra también”

Navita Zavala, mi bella mamá.

Nada que valga la pena es fácil, todo te lo tienes que ganar.

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Frecuentemente todo lo que vale la pena lleva trabajo duro, dedicación, disciplina, constancia, pasión y muchos ovarios de por medio.

El domingo 30 de agosto de 2015 corrí mi segundo Maratón Ciudad de México y con ello viví una experiencia que hoy les compartiré…

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4:00 am: sonó la alarma de mi celular. Abro mis ojos y salto de inmediato de la cama. Veo una luz que se encuentra encendida en el corredor de la planta baja, me asomo y mi madre está preparando su desayuno, así que bajé y le dije: “es hora”. Lo único que salió de su boca en ese momento fue: “desayuna que ya es tarde”, así que hice lo propio y desayuné avena con manzana, almendras, gelatina y media taza de té.

Al terminar, me di un momento para sentarme en el sofá de la sala; respire muy profundo y poco a poco dejé salir el aire de mis pulmones, luego con una ligera sonrisa de tranquilidad me fui al baño a lavarme la cara, cepillarme los dientes, me puse desodorante y me dirigí a mi habitación en donde ya tenía preparada mi ropa con la que correría. Me vestí, me puse un poco de perfume, me coloqué en el pecho mi número de corredor y, al final, mis tenis.

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5:10 am: “¿Ya están listas?” -Sí, le conteste a mi papá. Quiero confesarles que para esta edición de maratón estaba más nerviosa de lo normal, porque mi madre tenía 4 años sin correr los 42 kilómetros 195 metros -las dos en la misma ruta persiguiendo el mismo objetivo-, así que los nervios eran dobles, sabia de ante mano el valor y fuerza de voluntad que tiene mi mamá; sin embargo, yo no podía con los nervios.

Son de esas emociones que tratas de controlar, pero tu estómago no te deja en paz, hay miles de mariposas revoloteando por dentro, literal.

Nos subimos al auto los tres: mi padre manejando, mi madre dándose los últimos toques de maquillaje –es súper vanidosa- y yo controlando mi respiración por aquello de los nervios. Por lo regular los nervios me llegan el día del evento y no sé si odiarlos o amarlos, porque desde que me despierto no aguanto esa sensación entre desesperación y ansiedad.

Mientras manejaba mi papá nos iba interrogando, en especial a mi mamá:

-¿Te sabes el número de la casa de memoria?

-Sí.

-¿Te sientes bien de tus piernas?

-Sí, todo bien.

-¿Hija, tú te sabes el número de la casa de memoria?

-Sí, papá.

– ¡Ok! Me llaman a la casa; estaré ahí por cualquier cosa, si se sienten mal caminen o pidan ayuda.

– Yo contesté en seguida: sí papá estaremos bien.

6:00 am: Llegamos al monumento Hemiciclo a Juárez, caminamos unos pasos sobre la banqueta de la Avenida Juárez y nos encontramos a Mony, una amiga muy especial para mí. Nos saludamos y le pregunté por el guardarropa, me señaló que se encontraba por la avenida Eje Central, a dos cuadras de donde estábamos. Yo estaba cada vez más eufórica por el maratón y, ver a tanta gente, me subía la adrenalina. A lo lejos vi una chica flaquita con una bolsa de plástico en el cuerpo, era Paty -a ella la conocí en la carrera de la Torre Latino y desde entonces tenemos contacto por las redes sociales-, me dio mucho gusto verla, estaba algo nerviosa y ¡cómo no estarlo¡ sería su primer maratón. Nos tomamos una foto y con el ir y venir de los corredores la perdí de vista. Me fui al guardaropa para luego ir al sanitario.

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6:45 am: salen los de sillas de ruedas y débiles visuales. En verdad son unos guerreros, me motiva muchísimo verlos en la ruta, porque le ponen todo el corazón a este bello deporte, no cabe duda que también el corazón ve y corre por ti.

6:50 am: llaman a las mujeres de élite -las mujeres maravilla; por lo regular entre ellas se encuentra la ganadora absoluta del maratón y por eso les dan una salida especial- son espectaculares e imponentes, las veo y me empiezo a emocionar. Ya era un mundo de gente en esos momentos, los carriles empezaban a llenarse, sobre todo el brazalete amarillo que era el primero después de los hombres élite, dónde yo entraría.

7:00 am: se escucha el Himno Nacional Mexicano y todos contamos 5…4…3…2…1…, salen las mejores mujeres de la edición XXXIII del Maratón Ciudad de México, Telcel 2015.

7:10 am: yo entro a mi carril y enseguida los hombres élite hacen su aparición, detrás de ellos las mujeres y hombres élite por categorías en donde mi mamá le tocaría –por su trayectoria como maratonista en esta edición del maratón 2015 le dieron número élite-

7:15 am: nos juntan a los del brazalete amarillo con los hombres y categorías élite, todo era euforia y energía desbordada.

7:18 am: El Himno Nacional Mexicano se escucha una vez más por toda la Avenida Juárez, la piel se te eriza, el corazón lo sientes salir, escuchas expresiones: ¡Con todo, Enrique! ¡Tú puedes! Y por el otro lado -detrás de las vallas- observas pancartas de los espectadores: ¡papi, eres mi héroe! ¡Te veo en CU! ¡El estadio es tu meta!… ¡Wow! Empiezas a sentir un nudo en la garganta.

7:20 am: de pronto escuché 5…4…, me persigné… 3…2…1…, ¡Zaz! Ahí vamos miles de corredores con una meta en común: llegar al Estadio Olímpico Universitario “Ciudad Universitaria”.

Justo aquí, con las primeras zancadas de la salida, le digo adiós a toda esa euforia y trato de concentrarme todo lo que puedo en mis piernas –quizá me tomen de loca, pero siempre hablo con ellas, son las que me sostienen y pido que me lleven con bien a la meta – también con mi respiración – para que no aparezca el dolor de caballo- y mis sentimientos, porque muchas veces suelen traicionarte, lloras por alguna situación y pierdes tu ritmo.

5 kilómetros: miro mi reloj y me doy cuenta que paso, de acuerdo a lo planeado, 22 minutos con 46 segundo ¡Voy bien! Logro observar a muchísima gente sobre Paseo de la Reforma con pancartas en mano ¡Nos vemos en CU! ¡Nos vemos en CU! Y dentro de mí: Sí, ahí nos vemos.

Paseo de la Reforma es una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México, ahí encontramos algunos de los monumentos y construcciones más simbólicas de la Ciudad como el Ángel de la independencia, la Diana Cazadora, la Palma y el Monumento a Cristóbal Colón.

Kilómetro 10: 45 minutos 55 segundos ¡Vientos! Parece que voy manejando bien mi ritmo, controlado y sin subirme. Logro escuchar un grito entre toda la multitud: “¡Esa morenita, vas con todo!” Era Verito, -una amiga del equipo Nava Team- andaba emocionada porque su esposo correría su primer maratón y lo estaba siguiendo en la ruta.

Ahora entramos a la zona de Polanco, vi el Museo Soumaya, una construcción vanguardista y de forma asimetría. Me encanta este museo.

Kilómetro 15: 1 hora con 10 minutos, me asombré un poco por el tiempo y pensé: “no cabe duda que mi madre me conoce a la perfección”. Los parciales los iba pasando tal cual me lo había dicho y sólo era cuestión de sostener el ritmo.

21 kilómetros: 1 hora con 40 minutos ¡chin! Estoy pasando 5 minutos por debajo de lo planeado, pero me siento muy bien. “Espero no subirme después del kilómetro 30”, fue lo que pensé al ver mi reloj. Los gritos ¡Vamos campeones! Eran miles y dentro de todos volví a ver y a escuchar a Verito y a Eli: “¡Vas bien morenita, no le bajes!” Eli se me emparejo para preguntarme cómo me sentía y con los pulgares sólo pude señalarle que bien.

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Al entrar al Bosque de Chapultepec- el parque urbano más grande de América Latina- sentí de inmediato el adoquín en mis rodillas. Traté de distraer mi mente con el bello paisaje que tenía por donde volteara, sin distraerme demasiado, ya que ahí se han caído muchas personas debido a que el adoquín no está bien puesto y las piernas ya van cansadas, por lo tanto las caídas están al por mayor.

Kilómetros 25: 2 horas, el cansancio se apodera un poco de mis piernas; sin embargo, me sentía muy fuerte, esa mañana mi mente estaba jugando un papel muy importante de positivismo y deseaba que así siguiera. La energía de los voluntarios y personas que estaban animando a sus familiares es única. Alcé un poco la mirada para ver una pancarta que de reojo me llamo la atención por el color tan llamativo y lo enorme que era, decía: “¡Eres un chingón, papá, te amo!” Cosas como estas definitivamente hacen que te cargues de buena vibra.

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“¿Cómo vas?” Me pregunto Rafa, -un amigo de mi mamá y mío que lleva muchos años corriendo y con una gran historia que después espero contársela-. Bien Rafita, contesté. De ahí en adelante me fue acompañando.

Definitivamente el año pasado no disfruté tanto la ruta como ahora y al pasar por la Condesa, una de las zonas más bohemias de la ciudad con su gran cantidad de librerías, galerías, restaurantes y cafés, era inevitable no oler a café recién hecho.

Kilómetro 30: 2 horas con 27 minutos, ya me subí un poco, trato de retomar el ritmo, pero no puedo, mi zancada se empieza a cerrar y pensé: “Creo que es hora de comerme unas gomitas”, así que me comí dos y me reanimó un poco, pero no podía retomar el ritmo. Trate de no estresarme y me concentré más en ser constante, pude recordar las palabras de mi madre: “hija, el maratón inicia en el 30, deja que tu corazón corra también”

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Mi madre tenía razón, creo que después del kilómetro 30 debes dejar que tu corazón guie tus piernas.

Por fin llegué a la avenida Insurgentes y lo primero que pensé fue: “ya solo es derechito y ya llegué”. Me reí yo solita porque sabía que efectivamente era derecho, pero no era tan fácil como se escuchaba; estos últimos kilómetros son los más complicados, pero no iba a permitir que mi mente me traicionara, así que traté de pensar en cosas positivas, que nutrieran mi mente y “a darle –dije- ya se me está haciendo tarde para llegar a la gran línea de meta”.

Kilómetro 35: 2 horas 55 minutos, me subí 5 minutos más de lo que esperaba y obviamente pensé en esos 5 minutos cuando pasé el kilómetros 21. “Creo que el Maratón me los está cobrando”, fue lo que pensé. En ese punto me encontré a muchísimas personas que gritaron mi nombre y eso se siente padrísimo. ¡Vamos, Janeth! ¡Ya llegaste! De pronto un señor se me acerco: “¿Quieres coca bien fría?” Sí, por favor -era un señor del grupo del Cerro de la Estrella-. Juro que el refresco me supo a gloria, estaba escarchada. “¿Quieres otra?” No, gracias, con esta está bien -no quería tomar de más y que me doliera el estómago-.

Kilómetro 37: “¡Ya llegaste! ¡Vamos, campeona!” gritos de mis amigos Luis y Jaime. Me emocionó muchísimo verlos ahí. Luis corrió unos 200 metros a mi lado, son esos momentos en los que necesitas cargarte de toda esa energía para continuar tu camino, y son detalles que jamás olvidas.

Kilómetros 40: 3 horas 23 minutos y el primer aviso de calambres. ¡No, por favor no! Pues sí, el primer calambre en mi chamorro izquierdo. Se me estaba engarrotando mi pierna, decía en voz baja “no pares, ya llegué”, “no pares”; en ese momento vi a Rafa que se iba quedando en la ruta, cuando de pronto escuche una voz femenina muy cerca: “¿Cómo vas?” Era Azareet -una amiga del Nava Team-. -Ahí voy, Aza. -“¿Quieres agua?” –Sí. Se acercó a un abastecimiento para dármela, – en esos momentos se volvió mi angelito porque no me sentí sola al llegar a la meta. El calambre pasó, pero me quedó el miedo de que volvieran, lo único que tenía en la mente era: “no voy a pararme a estas alturas”

Vi mi reloj y… ¡Oh no! Mi reloj había muerto, en lugar de darme coraje, honestamente me dio risa – mi Garmin no pudo con mi ritmo y se murió-. Lo puse a cargar todo el día y prácticamente toda la noche, creo que en Maratones no usaré el Garmin y regresaré a mi antiguo “Casio”.

Legando al kilómetro 41 me di cuenta que había vallas en la orilla de la avenida Insurgentes y muchísimos espectadores súper emocionados dándole ánimos a los maratonistas. A lo lejos pude observar el Estadio Olímpico Universitario, que fue la principal sede de los juegos olímpicos de 1968 y que está inscrito por la UNESCO en la lista de sitios que son Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El kilómetro 42 estaba en la entrada de la pista del Estadio Olímpico Universitario, ahí con grandes números negros: ¡42km, wow!, ¡ya chingué!, ¡ya llegué! Entrar ahí es la onda, traté de abrir mi zancada lo más que pude. Con la emoción te vuelves Usain Bolt, en sus momentos de trote, obviamente.

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Pise el tapete de META en 3 horas 36 minutos; ocupé el lugar 32 dentro de mi categoría, fui la mujer número 85 y quedé en el lugar general número 1185 de entre 30 mil corredores. ¡Oh Dios!, ¡meta cumplida!

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Sientes en esos instantes una gratitud enorme hacia tu cuerpo por llevarte sana y salva a tu objetivo.

Después Aza me ayudo acaminar al abastecimiento y a tomarme lindas fotos

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Me encontré a un amigo, que por cierto marco lo mismo que yo. Me dio muchísimo gusto encontrarlo.

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Disfrute ver a tantos amigos cumplir sus objetivos, ver a tantos maratonistas con su medalla en el cuello, orgullosos por el gran logro.

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Ame mi segundo Maratón y voy por más.

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Gracias a todos los que compartieron conmigo esta pasión por correr 42 kilómetros 195 metros.

Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López

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  1. Francisco Javier Alfaro Olvera dice:

    Muchas felicidades Jann: sigues siendo fuente de inspiración, por favor me avisas cuando vengas a Puebla para conocerte, un abrazo y sigue así. FELICIDADES Date: Fri, 16 Oct 2015 12:37:35 +0000 To: falfaro_olvera@hotmail.com

  2. Francisco Javier Alfaro Olvera dice:

    Hola Jann: Te sigo desde Puebla, soy Paco, tengo 56 años y espero que este año si correr el maratón, por favor me avisas cuando empiecen las inscripciones porque ya conseguí patrocinador.
    Muchas felicidades no tanto por correr sino por influir en nosotros.
    Un fuerte abrazo y saludos a tu Mami y motivadora, cuando vengas a Puebla por avísame con tiempo para conocerte personalmente y tomarnos unas fotos va?

  3. Roger Glez dice:

    Felicidades x tu maratón iyo también corrí mi segundo maratón y también sentí lo mismo Q tu pero la diferencia Q tengo 55 años hice 4:50 lo mismo q el
    Primero y también me siento orgulloso
    De haber corrido así como lo platicaste me dio mucho gusto de q lo disfrutaras tanto felicidades vamos x mas voy x 4(00 Hrs el próximo
    También corrí las 10 millas

  4. Adrian dice:

    Super la narración, en lo personal me quede corto, 25 minutos de mi tiempo objetivo. Fallé en una de las máximas del maratón no experimentar nada que no hayas hecho en los entrenamientos. Usé medias de compresión y me molestaron a partir del kilómetro 25, ni hablar esa euforia la utilizare en el 2016, aunque nada mal para ser mi primer maratón 3:35…. Aunque me siento mal por ello fue una experiencia grata correr un maratón

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