Siempre aprendes algo nuevo en cada competencia

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Hace unos meses tuve un problema de salud que me hizo reflexionar muchísimo sobre lo maravilloso e importante que es nuestro cuerpo. Muchos movimientos que hacemos los damos por hecho y eso me llevo a una pregunta un tanto común: ¿qué harías si de la noche a la mañana te diagnosticaran una enfermedad terminal?

Muchos de nosotros hemos escuchado esta pregunta y muchos otros se han detenido unos minutos para reflexionar, otros simplemente podrían decir: “Pero yo estoy bien, no tengo por qué pensar o atraer lo negativo”. Efectivamente, siempre debemos pensar positivamente, en imágenes lindas, en frases que te estimulen a ser mejor cada día; sin embargo, es una realidad que a ti, a mí o a cualquier persona de la noche a la mañana pueden detectarle una enfermedad terminal o podemos morir en algún accidente. Vuelvo a preguntar: ¿qué harías si mañana te dicen que tu enfermedad es terminal?

Quizá tu pensamiento inmediato sería pensar en el poco tiempo que le has dado a tu familia y que tal vez te has perdido de muchas cosas, la otra podría ser que pienses en pasar tiempo con tu novio, esposo, papás, hermanos o tal vez en visitar a los primos del norte del país o hacer ese viaje que por economía o tiempo no podías hacer… ¿por tiempo?

Cuando te dicen que te vas a morir en un determinado tiempo puede ser terrible; muchos se desmoronan, se encierran en su casa y solo esperan a que llegue el momento de morir; sin embargo,  para otros es un cuete en el trasero que te hace moverte de lugar para realizar cosas, quizá hasta lo que parecía imposible. Ambas reacciones son respetables.

Muchos esperamos este tipo de momento o de circunstancias para reaccionar y ver hacia dónde queremos ir o qué queremos hacer de nuestra vida. No esperes a la muerte sentada, anímate a vivir, arriésgate a realizar lo que te apasiona más que nada en este mundo, toma decisiones y aviéntate a un mundo de grandes posibilidades de crecer.

Y después de mi choro mareador, ahorita les platicaré por qué inicie de esta manera este post.

El  sábado 23 de abril… Sí ya se, estamos en julio y yo apenas contando lo de abril, no se me pongan intensos que yo la he pasado dos que tres en estos últimos meses y la verdad no sabía ni donde tenía la cabeza, pero ya estoy por estos rumbos dispuesta a seguir contando mis janeaventuras.

Aquí una de ellas…

Corrí los 10K del Golfo con hartos sentimientos encontrados, con la posibilidad de que me dejara fuera de las carreras una enfermedad llamada cáncer y con mis papás apoyándome en cada segundo, les cuento…

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Desde hace varios años deseaba correr esta grandiosa carrera, muchos hablan de ella por ser una de las principales carreras para hacer tu mejor marca en 10k, así que me preparé desde el mes de enero. Todo iba de maravilla, pero bien dicen que uno propone y Dios dispone.

“Janeth, no me gusta lo que veo en tu ultrasonido pélvico ni en tu biometría hemática y quiero hacerte más estudios” – eso me dijo mi doctora.

A partir de ahí fueron semanas muy angustiantes, ya que eran estudios, tras estudios médicos y al llevar uno de los últimos a mi doctora le pregunté: “¿Sé que algo anda mal, qué tengo?” A lo que contestó: “No te puedo dar un diagnóstico hasta no verificar todos tus resultados y necesito mandarte a hacer un  CA 125 (antígeno para cáncer) por lo que estoy viendo y para confirmar o descartar lo que estoy pensando”

Solo pude contestarle con un simple “ok”.

A partir de ese momento pensé en lo efímero que podemos ser ante la vida,  lo verdaderamente importante y valioso de ser felices con lo que tenemos; alcanzar nuestros sueños con trabajo, amor y dedicación, al hacer esto es inevitable no dejar una huella en las personas que amamos, eso es lo bonito de esta vida.

Irme a la carrera del Golfo ya era un hecho, porque había comprado el paquete desde unos meses atrás, así que no lo cancelaría y al regresar vería los resultados con mi doctora.

¡Uff! La incertidumbre era bastante, pero confiaba en que la ciencia ha avanzado de tal manera que podría tener muchas opciones en caso de así requerirlo, así que hicimos maletas mi mamá y yo y nos fuimos al Golfo a tomar un lechero.

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Al llegar, lo primero que hicimos fue desayunar en el hotel,  tenía hambre, y después nos fuimos a  bañarnos a nuestra habitación para más tarde ir por los paquetes al Wall Trade Center (WTC) Veracruz-Boca del Río. Estando ahí en el WTC con la playera en mano abracé a mi mamá y en eso se nos acercó Luis Pineda (el juez que estaría a cargo de la carrera): “Es un gusto verlas de esta manera, madre e hija juntas compartiendo el gusto y además lo disfrutan” ¡Wow! Sentí tan bonito en ese momento con sus palabras -casi se me salían las de Remi-, nos quedamos un rato platicando con él y del nivel competitivo que habría en la carrera, hasta que decidimos retirarnos a descansar un rato al hotel mientras llegaba la hora de la competencia.

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Nos instalamos en el Hotel Diligencias -muy cerquita del centro y de la llegada de la carrera- a unas cuadras del Café Parroquia.  Teníamos todo muy a la mano.

A las 3 de la tarde comimos una ensalada riquísima, descansamos un rato, me comí una barrita de carbos y alrededor de las 4 de la tarde nos dimos a la tarea de transformarnos de corredoras mi mamá y yo.

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A las 6:50 pm ya estaba en la línea de salida, emocionada y muy nerviosa.

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Pocas veces he corrido a nivel del mar y ninguna al caer la tarde, como quien dice, sería mi primera vez. Había mucha humedad -una pipa estaba refrescando a las plantitas de la zona en ese momento y pude observar cómo el vaporcito salía del cemento de la avenida-. Estaba muy nerviosa, mi mamá me tomó de la mano y me dijo: “Tranquila, todo saldrá bien, ya estamos aquí, ahora disfrútalo”.

Era un hecho que lo disfrutaría al máximo.

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El disparo de salida sonó, muchas emociones invadieron todo mi cuerpo, mi mente, mi alma, estaban sincronizadas con mis zancadas, una a una.

Los primeros 3 kilómetros los pase sin problemas, iba sintiendo cómo cada parte de mi cuerpo se esforzaba, cómo respiraba, estaba atenta a cada grito de aliento que decían los espectadores, escuchaba cada aplauso, silbatos e inclusive cómo una niña le daba vueltas a la matraca. Pocas veces me he dado a la tarea de identificar cada parte de mi cuerpo, cómo se va desarrollando a través de cada zancada, de cada respiración y de cada pensamiento.

Kilómetro 4: justo pasando este kilómetro, recordé lo que me había dicho mi madre antes de la salida: “Ya estamos aquí, ahora a disfrutarlo”, así que puse mi corazón, mente y piernas a correr en una de las carreras más rápidas de México.

Llego el kilómetro 5 y mire mi reloj: 21: 30 ¡Wow! Esperaba ver un 22 o quizá hasta un 23, llevaba 3 semanas sin entrenar muy bien, pero cómo dicen por ahí “los músculos tienen memoria” y yo agregaría “¡mis tenis también!”. Me sentía algo cansada, sofocada por el calor, pero dentro de todo me sentía feliz por estar en ese momento viviendo al máximo la experiencia.

Kilómetro 6: Me dio un dolor algo fuerte en el vientre y decidí bajarle un poco, al hacerlo, una pregunta llego a mi mente: ¿y si fuera tu última carrera, no la disfrutarías al 100? No quise ser fatalista, pero era una posibilidad porque de tener cáncer pasaría un largo periodo de tratamiento para después poder correr. Mi mente empezó a divagar en mil cosas y de pronto no pude controlar mis deseos de llorar, lloré desde lo más profundo de mi ser, recordé como inicié a correr, mis primeros kilómetros, mi primer carrera y siempre apoyada de mis padres y de cada una de las personas que siempre han permanecido en mi vida, el llanto no cesaba; sin embargo, me sentía tan bien, tan desahogada, tan yo, pero a la vez tan cansada, mis piernas me pedían a gritos que parara, pero cómo iba a parame, así que corrí, corrí y corrí.

Kilómetro 9: en el último kilómetro me empezó a doler la cabeza, me sentí un poco mareada, estaba llorando y tenía muchos sentimientos encontrados. A lo lejos vi una luz que se me acercaba misteriosamente, un chico con su cámara y tremendo reflector –literal, fue mi rabbit los últimos 300 metros- una gran ayuda y motivación porque a la vez que me grababan, la gente que estaba atrás de las vallas me gritaba: “¡Vamos! ¡Ya terminaste, cierra!”

LA META: Alcé mis brazos, paré mi reloj, logré ver 44:44 ¡Vientos! Fue lo último que pude pronunciar en ese momento, caminé tres pasos y sentí como mi cuerpo se desvaneció, rápidamente me ayudaron unos chicos de primeros auxilios, me dieron un poco de agua y me llevaron a recostarme un poco, mi presión estaba muy baja y mi cabeza daba vueltas. Me quedé ahí unos minutos, hasta que me sentí mejor. Me volvieron a checar mi presión y ya estaba algo estable, después me incorporé a la salida para ir por mi medalla.

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Todo pasó tan rápido, fue un momento de felicidad-dolor, pero sobre todo de mucha reflexión ante los problemas que cada ser humano puede pasar en la vida.

Después de recoger mi medalla, busqué a mi mamá para abrazarla muy fuerte, nos recuperamos de la competencia y nos tomamos algunas fotos, para después irnos a cenar y a descansar de una gran fiesta en el Golfo.

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El martes, al llegar a la CDMX, fui por mis resultados, los chequé con mi doctora y salieron bien, no tengo cáncer; sin embargo, tengo algunos problemas de salud que debo atender y que con medicamento y seguir al pie de la letra cada sugerencia de mi doctora podré salir muy bien de esto.

La vida te da sorpresas, buenas o malas, todo es parte del juego y tienes que jugar con las cartas que tengas, hay que aprender a vivir sin temor y tomarlas de la mejor manera.

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Así es esto de vivir corriendo.

Corre inteligente, corre con el corazón.

Janeth López  

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  1. janethcorremas dice:

    Hola Estrellita

    Muchas gracias por tan lindas palabras, espero conocerte pronto

    Un beso desde la ciudad de México

  2. Estrellita Hernández dice:

    Hoja Janeth que gusto saber de ti, ya te extrañábamos cuídate mucho y verás que todo saldrá bien, te admiramos!!! Saludos desde Guanajuato

  3. ALANIZ ING dice:

    No entiendo la fecha!!!!

    Enviado desde mi iPhone

  4. Víctor Serna dice:

    Te quiero mucho Janeth! Me identifico contigo, se lo que lo sientes cuando te dicen que tienes algo grave, pero a los Ángeles cómo tú están protegidos, no les pasa nada. Animo. Estoy contigo. Es la razón por la cual no correrás el maratón ?

    • janethcorremas dice:

      Gracias Víctor, agradezco mucho ese sentimiento.
      Efectivamente, ese es el motivo, quizá lo corra pero al paso de mi mamá.

      Saludos

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